Bailando y fiestando en la Villa del Ariguanabo

Los cubanos somos mundialmente conocidos como fiesteros y bailadores por naturaleza. Y es que el baile y las fiestas forman parte de nuestro acervo cultural. Desde tiempos inmemoriales nuestros aborígenes se reunían para celebrar las cosechas y bailaban el areito invocando a sus dioses.

Numerosas fiestas se realizaban en diferentes espacios abiertos, organizadas por las instituciones de San Antonio de los Baños. Entre las fiestas tradicionales de más envergadura estaban las Verbenas.

La primera Verbena tuvo lugar en ocasión del cuarenta aniversario de la creación del Círculo de Artesanos, en 1921, por iniciativa de dos grandes promotores culturales: Octavio Valdés Rodríguez y Manuel Alfonso Descalzo. Se construían para la ocasión kioscos mejicanos, españoles, gitanos y norteamericanos. En la Sociedad Centro La Luz, de negros y mulatos, se armaba la llamada casita criolla, pero sin dudas uno de los kioscos más bellos era el de las flores.

En las Verbenas se hacían desfiles de coches con bellas muchachas que representaban a la mujer cubana, excepto a las de la raza negra. Se realizaban actos circenses, rifas, ventas de comestibles y se armaban pequeños parques de diversiones. No podía faltar el baile, para el cual se dividía el parque, una parte para los negros y otra para los blancos. Como en otras festividades de carácter público podía participar todo el mundo, sin embargo, en las Verbenas todo costaba y como sociedad clasista al fin, la discriminación social estaba patente.

Otras de las fiestas de gran arraigo popular en la Villa del Ariguanabo fueron los carnavales. Convocados por las distintas sociedades de recreo, se realizaban a finales de febrero y principios de marzo, siempre durante el fin de semana. Numerosas comparsas desfilaban por las calles de la ciudad. Las primeras comparsas no tenían música. La melodía se le incorporó posteriormente, dando un mayor colorido y calidad a los paseos carnavalescos.