Hace 80 años, se celebra en Cuba el Día de los Padres. Exactamente el 19 de junio de 1938, la poetisa, pedagoga y escritora Dulce María Borrero logró instaurar aquí el tercer domingo de junio como fecha de una celebración que intentó iniciarse en Norteamérica, en 1909, pero sin éxito.
Muchos como Dulce María Borrero, veneraban a aquella generación de padres cubanos que tanto trabajaron, combatieron y sufrieron por forjar la Nación.
Su padre, Esteban Borrero Echevarría fue maestro, poeta, escritor médico y mambí, desde su natal Camagüey, participó en la guerra comenzada por Carlos Manuel de Céspedes, el 10 de octubre de 1868. Su esposa marchó a la manigua con él. Destacado en los combates, mereció el grado de Comandante y cuando enfermo, cae prisionero de los españoles, es deportado a Isla de Pinos.
Sus hijas, Dulce María y Juana, nacen en La Habana durante el período de entre guerras. Al estallar la contiendan de 1895, la familia tiene que emigrar al extranjero desde donde colabora por la independencia cubana.
Regresa al terminar la guerra y publica el primer libro de cuentos cubanos (Lecturas de Pascuas), es nombrado catedrático de pedagogía en la Universidad de La Habana, funda y dirige revistas y periódicos, y escribe varios libros que se utilizarán en las aulas primarias por muchos años. Esteban Borrero, además, es considerado iniciador del Modernismo poético en Latinoamérica.
Con ese amor de hija agradecida, Dulce María Borrero nos llevó a querer al hombre que formó y guió nuestra vida, ese padre, que no es cualquiera, porque nos acompaña siempre, aunque ya no esté físicamente. Por este día, se ensancha el cariño al padre que nos dio la vida y también por aquellos padres grandes y generosos, como Martí y Fidel, que dieron futuro y virtud a todo un pueblo.