El Día del Trabajador Jurídico en Cuba, celebrado cada 8 de junio, para recordar que en 1865, Ignacio Agramonte se recibió como abogado, trae al recuerdo algunos episodios de la historia de San Antonio de los Baños.
Nuestra villa, desde su fundación en 1794, dirimía sus actos judiciales en la capital, pero a partir de 1891, le fue otorgado crear juzgados de primera instancia, dedicados a las causas civiles y criminales.
El juzgado de San Antonio de los Baños fue de segunda clase, pues únicamente los de la capital fueron de primera. En Cuba, solo 17 ciudades contaban con ese tipo de juzgados: un verdadero privilegio para la época.
Al parecer, aunque pocos datos lo confirmen, existían ya en el Ariguanabo suficientes licenciados en Derecho para crear un juzgado de ese rango, y sin dudas, existían también suficientes litigios que merecieran acudir a tales órganos. Es decir, las urgencias procesales eran bastantes en una región que comprendía no solo San Antonio de los Baños, sino Güira de Melena, Alquízar, Vereda Nueva, Ceiba del Agua, Guayabal, Caimito y hasta las proximidades de Bauta.
En tanto, la cercana ciudad de Bejucal, contaba con una cárcel nacional a donde remitían a muchos detenidos, así como a los deportados a Isla de Pinos que se trasladaban por tren hasta el puerto de Batabanó.
Al estallar la Guerra de los Diez Años, iniciada por Carlos Manuel de Céspedes en octubre de 1868, los casos de índole política fueron considerados de máxima peligrosidad y eran entregados a tribunales militares de la capital.
Enardecidas por aplastar el ansia libertaria del pueblo cubano, las fuerzas coloniales y los criollos defensores del régimen (voluntarios), exigían sangre a las autoridades, y sobre todo a los tribunales.
Para el 24 de diciembre de 1869 se planificaba un alzamiento en la villa del Ariguanabo, pero fue delatado y los patriotas del propio San Antonio, Bejucal, La Salud y Güira de Melena fueron apresados y conducidos a La Habana. Juzgados por el gobernador militar, los condenó a cárcel y destierro, en tanto su jefe, recibió pena de muerte.
Así, desde cada trazo de vida y cada huella de sus mujeres y hombres, incluyendo jueces y tribunales, San Antonio de los Baños es un capítulo de la historia de Cuba que merece honrarse.


