Artemisa, tierra brava de hombres y mujeres con probado arrojo, tiene en Eduardo García Lavandero un ejemplo que rebasa los límites del tiempo que, entre otras cosas, sirve para traernos a la mente la estela de los imprescindibles.
Junio nos obliga y logra que retomemos las lecciones heroicas, es además un mes insoslayable para la historia de Artemisa y de Cuba. Eduardo García Lavandero, bravo revolucionario y opositor de Fulgencio Batista en sus dos “gobiernos”, nació el 5 de ese mes en 1922 y, moriría brutalmente asesinado el día 23, también de junio, pero en 1958.
La vida de Eduardo García Lavandero se caracterizó por el combate y la lucha. Nieto de un general del Ejército Libertador, su infancia transcurre en Artemisa, donde cursa sus estudios de primaria a bachillerato. Desde el golpe del 10 de marzo comienzan sus actividades conspirativas. A raíz de los sucesos del 26 de julio de 1953 es detenido durante una semana. Perteneció a la Triple A, y pasó a integrarse al Directorio Revolucionario en contacto con José Antonio Echeverría. Cuando los hechos del 13 de marzo se encuentra en misión de búsqueda de armas en el extranjero. Dejó incluso sus estudios y matriculó en la Escuela de Aviación Civil. Obtuvo después el empleo de inspector marítimo en el Mariel. Posteriormente trabajó como agente del buró de Actividades Enemigas, y desde esa responsabilidad acusó de malversación a un ministro del régimen de Ramón Grau San Martín; por esta acción fue despedido.
Al continuar las persecuciones decidió tomar el camino del exilio, donde continuó su labor conspirativa; introdujo armas clandestinamente, debido a ello fue apresado en la cárcel del condado de Dade, La Florida. Eduardo participó junto a otros combatientes de la organización juvenil en sabotajes, también formó parte en el atentado y ametrallamiento de la casa del coronel Orlando Piedra. En Miami ayudó a los sobrevivientes del asalto al Palacio Presidencial que tuvieron que abandonar el país por la persecución policial, y comenzó a crear las condiciones para traer a Cuba una expedición del Directorio con vistas a la formación de un frente de lucha en las montañas del Escambray.
La expedición arribó a las costas cubanas de forma clandestina, el 8 de febrero de 1958. Entre los expedicionarios se encontraba Lavandero. Constituido el frente guerrillero del Escambray, Lavandero fue enviado, junto con otros miembros del Directorio a la capital, donde lo designaron jefe de acción de la organización. Posteriormente, cuando Faure Chomón se reincorporó a la lucha en las montañas, Eduardo lo sustituyó en la responsabilidad de jefe del Directorio en el llano.
El 23 de junio de 1958 se encaminaba al edificio “Washington”, situado en las calles Jovellar y Soledad, y unos esbirros de la dictadura que vigilaban el inmueble le dieron el alto. Se entabló un tiroteo y Eduardo logró eludir a sus perseguidores. Herido en una pierna, se refugió en una tintorería, un delator dio a conocer a la policía el escondite. Lavandero se defendió a tiros contra los agentes del régimen y causó varias bajas, pero los sicarios lo superaban en número y consiguieron matarlo. Tal fue la saña empleada contra el combatiente clandestino, que en su cuerpo habían huellas de más de 50 proyectiles.
La vida de Eduardo García Lavandero se caracterizó por el combate, aparece en las páginas de nuestra historia por su destacada participación en las luchas clandestinas previo al triunfo revolucionario.