El maestro con sabiduría conduce a sus alumnos por el camino del bien; la palabra oportuna y la frase precisa ayudan a formar las nuevas generaciones.
Los pinos nuevos tienen en la figura de José Martí a un educador eterno, el cual parecía ser capaz de adelantarse al futuro y mirar mucho más lejos de lo que puede el ojo humano apreciar. El antimperialismo resuena, su voz se escucha, trató de impedirlo con la libertad de Cuba y que los Estados Unidos cayeran sobre la América Latina.
La previsión de lo que hoy es la política mediática lo expresó en 1891, por ello retomamos de su obra las lecciones, en el empeño de mantener la paz y la independencia conquistada. El sentimiento de unidad entre los países del área es la respuesta y la voluntad política para hacer valedero el precepto de que honrar, honra.
La labor revolucionaria de Martí es intensa, lo más puro del alma nacional cobra vida y continúa como cimiento. Palpita el amor patrio en cada cubano, en cada puesto de trabajo a favor de la eficiencia productiva, en cada alumno esmerado en sus estudios. Perdura el Maestro y se afianza a la Revolución, inspirados en su lealtad, el sentido del deber, del sacrificio y la solidaridad al servicio del ideal de con todos y para el bien de todos.
Ante los gravísimos problemas que amenazan la existencia misma de la humanidad debemos levantar esa otra bandera presente en el ideario del Apóstol y que él sintetizó en la decisión de echar su suerte con los pobres de la Tierra. No concibo tarea más importante que trasmitir a los jóvenes la memoria histórica que está tanto en mi mente como también en la documentación personal acumulada desde hace más de 50 años y que muestran la certeza del pensamiento cubano.