Martí vive en el paisaje, en un libro tallado en la naturaleza, quizás, en el más grande y sencillo de los monumentos que le dedicaran: el Bosque Martiano del Ariguanabo.
Fue 19 de mayo de 1994 que comenzó la titánica obra plantando las primeras especies. Solo Rafael Rodríguez Ortiz (Felo), bajo el sombrero de yarey, vislumbraba lo que sería. Los demás veíamos un terreno baldío infestado de basura.
Aquel día, con pioneros destacados del municipio, se siembran las posturas de ateje, yagruma, güira, guanábana, naranja agria, naranja china, almácigo y jubabán.
Se trata de las plantas y árboles que Martí menciona a través de los más de 350 km de recorrido, desde Playitas de Cajobabo (al norte de la hoy provincia de Guantánamo) hasta Dos Ríos (en la actual Granma). Algunas especies las vio, se alimentó de ellas o le explicaron su uso, otras eran nombradas por los mambises que le acompañaban y Martí, centellando, las anotaba.
En total 54 especies se citan en su Diario de Campaña, del 9 de abril y al 17 de mayo de 1895, que se plantaron y crecen vigorosas. Precisamente desde aquellos parajes de la Sierra Maestra, los valles guantanameros y los remansos del Cauto viajaron hasta aquí muchas semillas y posturas. Incluso, algunas provienen de los mismos lugares recorridos por Martí: ceiba, jigüe, jubabán, caoba, cedro, jobo, quiebrahacha, majagua, caimitillo, cupey, caguairán, sabina, júcaro, jagua, almácigo, yagruma, naranja, plátano, ateje, dagame, guásima, yamagua, guanábana, curujeyal y mango.
“Es Baraguá –anota Martí el 9 de mayo de 1895.- Son los mangos, aquellos dos troncos con una sola copa, donde Martínez Campos conferenció con Maceo”.
Pero de otras páginas gloriosas de la historia de Cuba se nutre el Bosque: la expedición y desembargo del yate Granma, donde están plantados los siete árboles de las maderas con que se construyó el navío: pino, sabicú, teca, roble, majagua, caoba y cedro, y el encuentro de Fidel y Raúl, donde crecen cinco palmas.
El Bosque se recorre como si se leyera un libro. Para ello, Felo es todo pasión imantando a niños, jóvenes y visitantes que continuamente llegan al Ariguanabo. Amar y apreciar la naturaleza, tan unida a nuestras luchas por la independencia, la justicia y la dignidad, es crecer como seres humanos y revolucionarios.