Foto Internet
Unos visitantes extranjeros, curioseando por el pueblo, quedaron maravillados con lo que ocurría allí: una bella actividad celebraba el Día Internacional de los Museos (18 de mayo).
En muchas poblaciones de Cuba era sencillamente imposible, antes 1980, soñar con un museo. No por olvidar la historia ni por ignorar la necesidad de preservarla, pero tener un museo en cualquier pueblo se perdía en la ilusión. Eran escasas las condiciones materiales y los especialistas en la materia, incipiente la legislación que protegía el patrimonio y modesta aún la estructura de las instituciones de la Cultura.
Fue a finales de la década de 1970 cuando Armando Hart, encabezando el recién constituido Ministerio de Cultura, lanza la campaña para crear las diez instituciones culturales básicas, el museo, la primera, en todos los municipios del país.
El esfuerzo fue salvador. Muchos ejemplos del patrimonio arquitectónico, material, documental, fotográfico, sonoro y también “inmaterial” (tradiciones, festejos, formas de vida y actuación del pueblo), hallaron abrigo para conservarse, estudiarse y brillar.
Se abrieron a las diversas generaciones de cubanas y cubanos, los secretos, logros y luchas del pasado, completando el mapa de su existencia como seres humanos, como pueblo y nación. La dignidad de un ser humano no es total sin el conocimiento y respeto a su historia.
Para las nuevas generaciones ha de ser un sitio imprescindible. Llevarlos asiduamente y lograr que se enamoren del museo y sus historias constituye un reto permanente; mientras que para las autoridades locales, el lugar que las legitima y conecta con las esencias y tradiciones de su comunidad es el museo.
Si bien falta mucho por rescatar y preservar, la creación de una red de museos a lo largo y ancho del archipiélago cubano, donde algunas localidades (como San Antonio de los Baños) tienen más de uno, es un lujo para el espíritu, la cultura y el desarrollo que solo algunos países –a pesar de su riqueza- han podido darse.

