Mujer maravilla

Hay una mujer muy especial. Mientras vive no la sabemos valorar. A su lado todos los dolores se olvidan y existe para hacernos la vida fácil; pero cuando muere, daríamos todo lo que somos y lo que tenemos por verla y recibir de ella un abrazo. Esa mujer es la madre.

En abril de 1920, reunidos en el Centro de Instrucción y Recreo, de Santiago de las Vegas, La Habana, Francisco Montoto, mostró a unos amigos el interés de celebrar el Día de las Madres, como se realizaba en Estados Unidos.

La celebración, sin embargo, es una tradición tan antigua como la humanidad. En Grecia y Roma antiguas se destinaban tres días de festejos en honor a Gea, madre de la tierra, la vida y los dioses. Los aztecas, en el actual territorio de México, rendían culto a la diosa Maztli, encarnación de la maternidad y representada por la luna. Cuenta la leyenda que era una mujer que llevaba una cuna a cuestas, como si llevara a su hijo, y así aparecía en los mercados y andaba por los caminos.

Modernamente, en Estados Unidos se reactivó la tradición.

La joven estadounidense Ana María Jarvis, de Filadelfia, perdió a su madre prematuramente (1905), y concibiendo la idea de rendir homenaje a todas las madres, escribe a políticos, maestros, abogados, religiosos y demás personalidades, para que apoyen su proyecto. La acogida fue extraordinaria y el segundo domingo de mayo comenzó la celebración. Viendo la enorme resonancia de su iniciativa, Ana María logró que el Congreso de Estados Unidos aprobara una ley a favor del Día de las Madres en 1914.

También en Cuba, la proposición de Francisco Montoto fue acogida y el concejal y periodista Víctor Muñoz volcó la iniciativa en las páginas del periódico El Mundo: “Cuando se logre –explicaba en sus páginas- disminuirá el número de los malos hijos a nuestro alrededor, y con eso se habrá prestado un gran servicio a la Patria y a la Humanidad”.

Al año siguiente, el 27 de abril de 1921, la Alcaldía Municipal de La Habana acordó instaurar de manera oficial el Día de las Madres.

La idea, que tuvo su origen en Santiago de las Vegas, a iniciativa de Francisco Montoto García, encontró calor y entusiasmo inmediato en la villa del Ariguanabo y ese mismo año comenzó la celebración.

Por esa mujer mágica, que felicitamos porque nos da la vida, nos hace felices y es tan rica que satisface todos nuestros gustos, tendremos que ser mejores.


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