Martí: por Cuba y Nuestra América

Martí y Nuestra AméricaMartí y Nuestra América

Desde finales del siglo XVIII y a partir del inicio de las luchas del pueblo cubano por su libertad, iniciadas el 10 de octubre de 1868, hasta el presente, la nación cubana ha estado marcada por una identidad, que se fundamenta en la cohesión y unidad del pueblo cubano.

La identidad cubana estuvo representada en sus inicios por pedagogos como Félix Varela y José de la Luz y Caballero, quienes fueron pilares en la educación durante aquellos tiempos cargados de sabiduría, y que luego representaron Céspedes y Agramonte, Gómez, Maceo y Martí en la segunda mitad del siglo XIX.

José Martí es un cubano universal. Fue un fiel exponente de las contradicciones y tendencias del tiempo en que vivió y un genuino portador de las ideas más avanzadas. Legó a la posteridad un caudal inapreciable de enseñanzas que mantienen su vigencia en el mundo contemporáneo.

El pensamiento martiano, abarrotado de una amplia expresión cultural, constituye un programa para fortalecer la identidad de Cuba y América Latina. Martí se convirtió en reflejo exacto de su época y la posibilidad que tuvo de captar las tendencias y potencialidades de ella le posibilitaron manifestarse como un hombre ético, culto y emancipador.

Fidel Castro, inspirado en la labor desplegada por Martí fue capaz de lograr la unidad nacional. Evitó que el Apóstol muriera en el año de su centenario, en 1953 y tomó su pensamiento vivo y las lecciones necesarias para hacer verdaderamente independiente la patria, tomando en consideración la labor desplegada por este en la organización de la guerra de 1895.

En el siglo XX, maestros como Enrique José Varona y revolucionarios militantes como Julio Antonio Mella, Rubén Martínez Villena, Antonio Guiteras y los combatientes del Moncada, de la Sierra, del llano, de la clandestinidad y de la victoria de enero fortalecieron la identidad cubana.

Corresponde a los cubanos de estos tiempos interpretar y actualizar el significado de la tradición histórica y continuar formando en ella a las nuevas generaciones para que, al hacer suyas las banderas de la Revolución cubana, las exalten y defiendan en un mundo diferente, convulso, lleno de cambios y mucho más complejo que el de aquellos años de lucha.

Con respecto a la visión martiana sobre la América es válido recordar que el Apóstol tuvo la posibilidad de transitar por diferentes países del continente como parte de su exilio. En ellos pudo apreciar el problema de la identidad latinoamericana. En el ensayo Nuestra América se pronunció a favor del desarrollo natural de nuestros pueblos y hombres y expresa su juicio ante el problema de la relación de lo universal y lo particular. En su frase: Injértese en nuestras repúblicas el mundo; pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas (...) , sobresale su elevada concepción de nuestras repúblicas, en las cuales los resultados de su creación material y espiritual alcanzados durante la historia permite incorporarlas al mundo.

Según Martí el problema de identidad cultural en América se sustenta en un problema de principios, el camino de la independencia estaba dado por una causa de los oprimidos y además comprende que el hombre debe prepararse para pensar desde América y buscar soluciones propias. La conquista de los pueblos americanos y la posición de esos gobernantes que renegaban sus ancestros atentaban contra las tradiciones de los países.

Ante el presente, la humanidad demanda el derecho de ser y la necesidad de preservar lo creado a lo largo de su desarrollo, de conservar la pureza de las ideas y las tradiciones de los pueblos. Contar con el pensamiento de este hombre que supo avizorar el futuro y con su profundo ideario vigente siempre, desde un profunda y coherente concepción cultural, llena de aliento y espíritu.


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