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Todavía se me hace difícil definir si se trata de un trayecto en línea recta, curva o un laberinto. Dicen que todos los caminos conducen a Roma, pero...en materia de trámites, ¿cuántos destinos tiene el camino? Pareciera un trabalenguas. Mi pregunta sin embargo, así de enredada y complicada son estas prestaciones que a diario implican a los ciudadanos.
Desde hace mucho tramitar se ha vuelto un desafío: levantarse más temprano de lo normal, estar largas horas fuera de la casa o el centro de trabajo, solicitar vacaciones para realizar "el papeleo", dejar el niño con la vecina, visitar casi todos los municipios de la provincia e incluso asumir poderes sobrenaturales a la hora de escuchar la respuesta vacía, sin fundamentos, la falta de información y las inexistentes alternativas para dar solución a lo que nos aqueja.
Y qué me dice de la espera en esos centros; se convierte en el día más largo del año. Tampoco me dejará mentir si hago referencia a los gastados motivos que no permiten el éxito de la tramitación: en ocasiones no ha llegado el encargado porque vive lejos, la planilla no tiene el cuño correspondiente, su carné de identidad no coincide con el de la base de datos, hay un error en el documento, no tenemos una respuesta para darle, no estamos autorizados, en fin millones de frases donde prevalece el adverbio de negación no, al que tanto le tememos.
Es lógico que todo debe realizarse con los requerimientos establecidos, pero hay cuestiones en las que los ciudadanos solo son mediadores entre una y otra dirección, por tanto no son culpables de la firma ausente o la tilde olvidada en su nombre luego de la inscripción. Detalles a analizar con prontitud porque el respeto también está concebido para quienes necesitan del servicio y es sinónimo de satisfacción, calidad y eficiencia.
La rigidez de los procesos antes citados debe acabar solo por la lentitud que provoca en los trámites. Se vuelve una enfermedad el hecho de tener oficinas cargadas de papeles sin respuestas, la influencia excesiva de funcionarios en asuntos públicos y las formalidades que aún se encuentran alejadas de la realidad. Seremos mejores cuando acaben tales caminos, trabalenguas o enredos asociados al “error humano”. Por un segundo asumamos el lugar de los esos ciudadanos para entender que a nadie le gusta malgastar su tiempo, mucho menos estar en medio del tormentoso orden llamado burocracia.


