Un árbol es un ser que vive para darnos vida. Nadie duda que ellos sean imprescindibles para el sustento de la vida y que de su protección dependa en gran medida el futuro de la raza humana. Sin em¬bargo, pese a estas conocidas razones, la deforestación se ha abierto camino, despoblando de bosques a extensas regiones a lo largo del planeta.
Por tales razones se hace una primera necesidad de estos tiempos reforestar. Pero, ¿qué significado tiene este término que comúnmente escuchamos? Pues reforestar no es más que repoblar un terreno con bosques. Los objetivos de esta acción van encaminados a mejorar áreas verdes y el medio ambiente de manera general, así como el desempeño de las cuencas hidrográficas, proteger el suelo de la erosión, crear barreras en zonas costeras y en la alimentación de los animales.
Si bien la reforestación es una tarea vital en la sociedad, es muy importante que a la hora de plantar un árbol analicemos y conozcamos el área donde éste será ubicado; el equilibrio de la naturaleza es muy sensible, y hacerlo sin el debido conocimiento puede resultar incluso dañino para los ecosistemas. Cada árbol es diferente y por sus características tiene lugares específicos en donde vivir. Una mala reforestación podría incluso romper algunas cadenas alimenticias, alterar el ambiente y el suelo dando como resultado un impacto negativo a lo que debería ser un manejo sustentable que generará vida en futuro.
Lo más recomendable a la hora de reforestar es utilizar especies autóctonas, es decir, especies nativas que existían en el área, ya que de esa manera mantendremos el paisaje original, y lo más importante, que no pondremos en riesgo a otras especies vegetales y animales que forman parte de los hábitats que mantienen un equilibrio en los ecosistemas.
Considero entonces que la reforestación es la manera que tenemos los seres humanos de mantener lo que la naturaleza nos brinda de manera natural y conservar la vida. En eso radica la importancia de los árboles, sin ellos el planeta sería un desierto.

