Portada del título de Juan Ramón JiménezUn acontecimiento sacudió los cimientos de la primera mitad del siglo XX, y llegó a nuestra población con dramatismo: la Guerra Civil Española (de 1936 a 1939).
Las fuerzas progresistas vencieron democráticamente en las elecciones de la península y constituido la Segunda República. Las oligarquías levantaron lo más recalcitrante del ejército y se lanzaron a la conquista del poder constitucional ganado por el pueblo. Se aliaron con la Italia fascista y la Alemania nazi, liquidando la república en un baño de sangre para instaurar la dictadura de Francisco Franco y su falange de yugos y flechas.
El suceso se percibió en nuestra población con todos sus matices. Cuba, tradicionalmente muy cercana al acontecer y la cultura española, conmovida aún por una revolución que echó del poder al tirano Gerardo Machado, “el asno con garras”, como lo bautizó Villena, y receptora de una reciente emigración gallega, asturiana y canaria, fue sacudida por cada acontecimiento.
Los tabaqueros de San Antonio de los Baños, como los obreros de diversas ciudades cubanas, fundaron un comité pro-defensa de la República, colectaron fondos, recogieron ropa, alimentos, azúcar y hasta cigarrillos y tabacos para enviar al frente popular.
Las noticias eran seguidas diariamente, los confusos partes de guerra –según la filiación de los reporteros- eran analizados y cuestionados. Y no menos discrepantes fueron los debates políticos e ideológicos sobre el tema.
También se ofrecieron voluntarios para combatir junto al pueblo español. Más de mil cubanos participaron en la contienda.
El arte y la cultura no quedaron ajenos. Tertulias, conferencias y conciertos del Círculo de Artesano se convirtieron en mítines contra el fascismo, especialmente por la presencia de algunos intelectuales y artistas expulsados de su patria por la represión.
El escritor Herminio Almendros, quien definitivamente se asentó en Cuba y por entonces impartía clases en el Instituto Técnico Militar de Ceiba del Agua; el poeta Manuel Altolaguirre, el prolífico escritor Luis Amado Blanco, el dramaturgo Alejandro Casona, el profesor e investigador Juan Chabás, a quien le agradecemos sus antologías e historias de la literatura española que aún usan las universidades cubanas, el infatigable Francisco Mota, la poetisa Concha Méndez, el primer biógrafo de Martí establecido en Artemisa: Manuel Isidro Méndez o el médico y escritor Gustavo Pittaluga, entre otros, tuvieron relación con el movimiento artístico-cultural del Ariguanabo, sin obviar al gallego Posada, que se radicó aquí.
En los diarios de la esposa de Juan Ramón Jiménez, se refiere el interés de visitar algunas localidades de esta zona. El autor de Platero y yo era invitado a conferencias y lecturas en muchos sitios de Cuba, pero no siempre podía asistir. Lo limitaban la salud y la pobreza. No obstante, ayudaba con su presencia a obtener recursos para los niños huérfanos de la guerra.
Es posible que llegara a San Antonio. Aunque hay poca información, aquellos días estaban encendidos de solidaridad y amor.


