Si fuera a calificar el impacto del trabajo por cuenta propia en Cuba lo definiría con el término progreso, aún cuando estoy consciente de algunos puntos que preocupan a las autoridades que rigen el sector y también a los propios cuentapropistas.
Desde su implementación diversos cambios se han tomado a la par que avanzan los negocios, se elaboran estrategias en asuntos tributarios y recientemente se aplica el perfeccionamiento. Perfeccionamiento que si bien analizamos resulta provechoso y necesario. Para nadie es un secreto que los hechos negativos afectan la economía del país y la del pueblo.
Es válido aclarar -mejor recordar- que todos los aportes tributarios se destinan a asegurar los recursos financieros para el sostenimiento de los servicios públicos de la población y el desarrollo económico.
Medios de prensa reportan que la Asamblea Nacional del Poder Popular aprobó en la Ley de Presupuesto para el 2018 destinar el 55 por ciento de los gastos corrientes de la actividad presupuestada para el funcionamiento de estos servicios que representan las conquistas de nuestra Revolución.
Entonces, no caben dudas de cuán significativo es este sector que progresa, se perfecciona y genera oportunidades para todos. En mi comentario también quiero abundar sobre el proceso de Declaración Jurada diseñado precisamente para aquellos que ejercen las actividades con mayores ingresos.
En las campañas anteriores, que son las que puedo evaluar por su conclusión, se detectaron elementos que nos dicen que aún hay cosas que no están claras como declarar por debajo de lo que se obtiene en realidad.
La ONAT en San Antonio de los Baños, Artemisa y el país no descansan hasta que cubanos y cubanas ganen en cultura urbana, cumplan con lo establecido y marchen sobre este largo camino que tiene futuro en la nación. Pero de algo estemos claros: las cosas son como son, esa será la única vía para el buen rumbo de todos.

