Cimentar con alma de mujer

Mana en plena faena. Foto JARTMana en plena faena. Foto JARTBuscando el calificativo perfecto para definir a la mujer, no encontré mejor referente que las palabras del destacado dramaturgo francés Alphonse de Lamartine cuando decía: “Hay una mujer al principio de todas las grandes cosas". Y es cierto, a diario nos tropezamos con historias como la de una güireña dedicada a la albañilería desde los 19 años. Oficio heredado de su padre y que con orgullo -y sin prejuicios- asume en medio de esta sociedad en ocasiones machista.

Quienes transiten por estos días cerca de la céntrica Calle Real de San Antonio de los Baños se percatarán de la reparación capital que realiza la brigada de constructores de Tiendas Panamericanas en el mercado "El Bodegón". Las acciones pretenden regalar mayor confort y mejor imagen a la entidad, pero lo más interesante sucede en su interior: una mujer albañil, la misma de la que les hablaba al inicio participa en tales faenas. Ella es Genoveva María Romero Pacheco o simplemente Mana.

"A los 19 años me casé, entonces mi padre decidió seleccionar entre tres hermanas quien sería la discípula para aprender sus mañas de albañilería. Fui la elegida, y de esa forma inició el maravilloso camino del cemento, las flotas y las escuadras que por equivocación solo lo asocian a los hombres. Mi papá sufrió un accidente; esto dificultó los momentos de preparación, pero mi afán por el oficio era tan grande que no podía dejar a medias este sueño".

La voz de Mana, pausada y tierna, es el reflejo de su corazón dispuesto a mantener la tradición de la familia. "Sin pensarlo dos veces, luego de la boda fui a vivir con mi esposo, pero la casa estaba en malas condiciones, así que la reparé e hice algunas transformaciones.  Al principio ponía los bloques y se caían, ¡era bien complicado! pero jamás tuve la idea de darme por vencida. Recuerdo un señor que por esos días observaba cómo me desenvolvía, él también era albañil. Se detuvo frente a mí y dijo -mientras tengas fuerza en tus manos siempre tendrás trabajo y dinero para vivir, palabras sabias."

Con el paso de los días las enseñanzas de ambos maestros convirtieron en arte la entrega de Mana, a pesar de los tabúes. Mi esposo no estaba de acuerdo con la decisión de ser albañil. Él decía que era un trabajo de hombres pero yo no pensaba así; nunca encontré diferencias.

Decidí dedicarme más a la faena, esta vez para las personas de la calle. Le decía que iba a visitar a la familia, pero cierto día una joven me pidió azulejar su meseta, y fue tanta su admiración al terminarla que salió corriendo a decírselo a mi esposo. ¿Te imaginas...?

Lo más sorprendente de Mana es su belleza y los desafíos que le obligan a mantener la elegancia. "Después de terminar cualquier trabajo me lavo las manos y la cara con azúcar, eso evita las huellas que provocan los materiales y herramientas. A mis compañeros les aconsejo hacer lo mismo y resulta. Adoro estar arreglada, maquillada y presentable...no puedo perder lo femenino"- insistió.

"Toda ocupación tiene su encanto, la mía es mi vida porque gratifica sentir amor por lo que hacemos. Identificarnos con lo que pueden lograr nuestras manos y admirar el resultado final después de tanto esfuerzo. Ahora mismo preparo a mi nieto de 15 años para ser el relevo y disfruto muchísmo enseñar. He tenido la oportunidad de compartir mis conocimientos con otras mujeres, e incluso con hombres" (Se ríe).

Historias como la de Mana nos demuestran cuán grande pueden llegar a ser las mujeres. Son ellas portadoras de un poder sobrenatural capaz de cambiar al mundo en segundos, al mismo tiempo que regalan humildad, paz y serenidad sin pedir nada a cambio. Es momento de despedirme de la amiga, que con el alma poderosa de una flor inmarchitable, no dudó en compartir su historia.


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