Música en tres ruedas

BicitaxisLos bicitaxis, además de utilísimo medio de transporte, se han convertido en difusores de la música. Hoy muy pocos carecen de un amplificador y algún otro artilugio digital para reproducir infinitos megabytes de música. La calidad, intensidad y horario de esta “gestión cultural” es la que tensa la crítica de la población y los disgustos generalizados.

He sido testigo de muchos amaneceres en La Placita. Allí un bicitaxi sorprende al sol con sus baterías bien cargadas lanzando un torrente de decibeles que saca de sus camas a la mayoría de los vecinos. Lo que de bueno pudiera tener su música, se convierte en agresión a todos, por el volumen y la hora inadecuada. Pero no solo son los amaneceres, también en plena madrugada alborotan como carrozas del infierno.

Así los hemos visto estacionarse en el parque de la iglesia o bajar por la Calle Ancha. Parece que la fuerza del volumen es hermano gemelo de la calidad de la música: son canciones incomprensibles, torpes en lo musical y groseras en la letra, no solo para la mujer, sino para lo niños que van a sus escuelas, los pacientes del hospital o los abuelos que hacen ejercicios.

Si el horario inapropiado, la pésima calidad y el tremendo volumen de la música que “difunden” los bicitaxis, sirve para llamar la atención de los caminantes y alquilar el vehículo, francamente lo dudo. Pero si por el contrario, alguien esgrime la libertad individual del conductor de oír lo que le venga en ganas, cómo y cuándo lo desee, entonces unos audífonos le aumentarían la clientela y el prestigio.