En la obra de José Martí la mujer ocupa un lugar especial. Sobre ellas escribió: “...si la luz perdiera, hallaríasela de nuevo encendida en el alma de una mujer”. En el encuentro de hoy le propongo otro acercamiento a la presencia femenina en la vida del Héroe Nacional.
José Martí sufrió el destierro de su querida Cuba en varias ocasiones. La presencia de diferentes mujeres viene a atenuar el dolor que causa estar lejos de su amada patria. En Aragón, “donde rompió su corola/ la poca flor de su vida” está la bella Blanca de Montalvo, que le estrena en su corazón la plenitud del primer amor. Lo apasiona la belleza femenina, y se rinde a la sensualidad que hay en ella: “Un Beso de mujer! “Yo lo he sentido/ En un muy dulce instante extra-vivido”. En México lo inspira una romántica musa, Rosario de la Peña, y lo hace también la linda actriz mexicana Concha Padilla, en cuyos labios había puesto al personaje femenino de Amor con amor se paga. El amor que consagró a Carmen, su esposa, está impregnado del más hondo lirismo. Un poderoso torrente de sentimiento lo conduce a esta mujer con la que estuvo ligado durante toda su existencia por lo que para él significó y por ser la madre de su hijo. Por eso explica la presencia de la amada en sí mismo.” ¿Que por qué pienso en ella? Porque estoy mezclado a ella.--Yo podré decir qué fibra es mía pero no qué idea es mía porque en el fondo de cada idea, si buscas bien, hallarás Carmen”.
La generosidad de Martí ante la mujer era algo propio. En las fiestas solía bailar con aquellas muchachas que por ser menos atractivas iban quedando sin pareja. Y cuando María Mantilla, su querida ahijada, le preguntó por qué lo hacía, la respuesta fue magnánima: “Porque a las feas nadie les hace caso y es deber de uno no dejarles sentir su infelicidad”. En el hogar de los Mantilla, la casa de huéspedes de Nueva York, donde vivió largos años durante la emigración, halla Martí a la compañera, a la amiga, a aquella en quien no puede pensar sin conmoverse y ver más hermosa la vida. Es, según afirma, la mujer mejor que ha conocido en el mundo. En Carmen Miyares, la matrona de la casa, reconoce la capacidad de la fidelidad que para él era la aristocracia verdadera. La idea de la instrucción en la mujer persiste. En varias oportunidades aconseja a las hijas de Carmen, Carmita y María. A ellas les solicita: “Véanme vivo y fuerte y amando más que nunca a las compañeras de mi soledad, a la medicina de mis amarguras”. Las persuade, cauteloso, para que no amen en el mundo sino aquello que realmente lo merezca y que cultiven amistades con mérito y pureza similares a los de ellas. Así, en cada paso José Martí cosecha y se nutre de la grandeza de las mujeres.
Fuente: Periódico Granma, Diccionario de pensamientos martianos.