Portada de la revista Orígenes. Foto Internet
El Grupo Orígenes, que reunió a importantes personalidades de la literatura y las artes plásticas, tuvo como centro al cura párroco de Bauta. Ordenado sacerdote católico en 1938, Ángel Gaztelu Gorriti, fue ubicado en mayo de 1941 para oficiar en la parroquia de Nuestra Señora de la Merced, en Bauta. Sobre esta agrupación cultural conocerás hoy.
Orígenes fue el nombre escogido por José Lezama Lima para la revista que representaría al grupo, integrado por lo más genuino y representativo de la cultura nacional de la época. Constituido por un ajiaco de intelectuales de distintas creencias, unidos por su gran concepto de la cultura, tenían como objetivo expresarse libremente sobre lo cubano, sin el control del sistema imperante.
En la residencia del padre Ángel Gaztelu, ubicada en la calle Maceo esquina a Martí, hoy calle 152 esquina a 249, se realizaban importantes tertulias literarias y martianas. Allí se reunían intelectuales cubanos y extranjeros como José Lezama Lima, Mariano Rodríguez, René Portocarrero, Cintio Vitier y Fina García-Marruz. Por las instalaciones del Hotel Hollywood, del Círculo de Instrucción y Recreo y otros espacios bautenses era común encontrar, sobre todo los domingos, a altos exponentes de la cultura nacional. Incluso dos prestigiosos escritores nacionales, miembros de Orígenes, decidieron contraer matrimonio en la parroquia de Bauta: Eliseo Diego y Bella García-Marruz.
Los intelectuales pertenecientes al Grupo Orígenes sirvieron a Gaztelu en su labor de desarrollo sociocultural de la feligresía y del pueblo en general. Del artista plástico Mariano Rodríguez son las pinturas El descendimiento y La resurrección, únicas de corte religioso que realizó, así como los vitrales de la Virgen de Fátima y San José, que engalanan hoy la iglesia de Bauta. En la parroquia de Playa Baracoa, inaugurada en MIL 956, René Portocarrero dejó su único mural vidriado, dedicado a la Virgen de la Caridad, patrona de esa localidad. El escultor Alfredo Lozano talló en madera preciosa, para la iglesia de Baracoa, el Crucifijo con un Cristo indiado, considerada la mejor obra escultórica del arte moderno religioso en Cuba.


