La columna invasora avanzaba incontenible a través de la Isla. Al comenzar el año 1896 entraba triunfante en la entonces provincia de La Habana. Derrotadas las tropas españolas de Güira de Melena y rendidos a discreción los pueblos de Alquízar y Ceiba del Agua, el 6 de enero, las fuerzas cubanas penetraban en Vereda Nueva.
Las primeras tropas mambisas en llegar a Vereda Nueva fueron las del coronel Juan Bruno Zayas, quien después de rendir a las fuerzas españolas en Caimito, venía a reunirse con los generales Máximo Gómez y Antonio Maceo. Las huestes del Generalísimo y el Titán de Bronce arribaron a Vereda Nueva a las siete de la mañana del día 6 de enero de 1896, y fueron recibidos con vítores al Ejército Libertador. Alineados a lo largo de la calle Real, hoy avenida 91, los generales Gómez y Maceo y sus respectivos Estados Mayores pasaron revista a los cubanos. Muchos veredanos se presentaron ante ellos, unos para incorporarse a las filas insurrectas y otros para entregar las armas que celosamente habían reunido.
Los señores Manuel María Coronado y Eduardo Varela Zequeira, director y redactor, respectivamente, del periódico La Discusión, vinieron desde La Habana expresamente a ver a Gómez y Maceo. Los periodistas, simpatizantes de la causa independentista, informaron del estado de alarma imperante en la capital por la proximidad de las tropas invasoras.
La jornada del día 6 de enero de 1896 fue memorable para los libertadores cubanos durante la invasión. Entre Caimito y Vereda Nueva se recogieron ciento cincuenta fusiles y unas 4000 balas, sin que tuviesen los cubanos que disparar un solo tiro. Para los vecinos de Vereda Nueva fue una fecha inolvidable porque, cual regalo de los Reyes Magos, pudieron ver y agasajar en su pueblo a las figuras más destacadas de la Revolución del 95. Sería quizás la última vez que se vieran juntas las tropas de Máximo Gómez Báez y Antonio Maceo Grajales.