Pedro Figueredo
Hasta las generaciones actuales llegan las enseñanzas del patriota Pedro Figueredo y Cisneros, más conocido desde su tiempo como Perucho, uno de los más ilustres padres fundadores de la nación. Este año conmemoramos el bicentenario de su vida, con la celebración, se enaltecen los valores, se aviva el sentimiento patrio y palpitan los corazones al pronunciar con orgullo los versos de nuestro Himno Nacional.
Perucho Figueredo nació el 18 de febrero de 1818 en Bayamo, la oriental villa que prosperaba en el valle del Cauto, explotada por el colonialismo español, como el resto de la nación. Conocer de la entrega de este hijo íntegro, sus repetidas conspiraciones contra la colonia que comenzaron bien temprano, en 1848, nos hacen profundizar en la historia y aprender de ella. Valeroso defensor del suelo patrio se negó a arrodillarse ante el pelotón de tiradores que lo fusiló, el 17 de agosto de 1870, en Santiago de Cuba.
Los cubanos le debemos eterno agradecimiento y respeto al creador del Himno de Bayamo —con su música y letra— se inscribió en las páginas de la eternidad. Obra musical prevista para presentarse en la reunión constitutiva de la Junta Revolucionaria de Bayamo, junto a una treintena de compatriotas que desde allí juraron seguir conspirando y organizar en secreto el levantamiento en armas por la libertad.
La autenticidad de nuestro himno revela ser reflejo y estar inspirado en los trascendentales acontecimientos históricos que llevaron a la consolidación de la identidad nacional y al inicio de la primera campaña por la independencia, conocida también como la Guerra de los 10 años. Su entrañable amistad, fortalecida por la correspondencia con los ideales patrióticos y políticos, con Carlos Manuel de Céspedes, le ganó la identificación como revolucionario y libertador sin tachas.
Cuando se escucha el Himno de Bayamo, la solemnidad cubre el espacio, está siempre el llamado unánime, se adueña del espacio la música y la poesía, arte y rebeldía, simbiosis de la génesis, inspiradora del sentimiento de insurreccional ese que nos guía para no claudicar jamás. La trascendencia histórica, política y social de la marcha entonada aquel día, el 20 de Octubre de 1868, Día de la Cultura Cubana, continúa siendo una guía para multitud de hombres, el enérgico canto que nos hace fieles al legado de que "morir por la Patria es vivir".
El Himno Nacional es un canto de lucha, a la insurrección libertadora y es además la convocatoria a la abolición de la esclavitud. Es una sentida manifestación artística de la conciencia cubana; de la sangre y sacrificio de un pueblo que nunca dejó de luchar por su libertad e independencia.
José Martí nos enseñó a honrar y es precisamente a diario lo que hacemos los cubanos. Honrar a Perucho es ser leales a la identidad nacional. Tenemos la responsabilidad de inculcar, desde edades tempranas, a las nuevas generaciones el respeto y veneración al himno, la bandera de la estrella solitaria y el escudo de la palma real, la trilogía de los símbolos más sagrados de la Patria, reconocidos así por la Ley de la República de Cuba y decretos específicos, refrendados por su Parlamento. Al rendirles reverencia, la vida de este prócer, grande y excepcional cobra mayor autenticidad y nos revela al ser humano y patriota excepcional que fue Perucho Figueredo.