Rubén Darío, el príncipe de las letras castellanas.
La propuesta de conocer e investigar a través de la lectura es por sí misma una invitación a descubrir las raíces de nuestra cultura. Nos permite adentrarnos en las potencialidades creadoras de cada autor, la imaginación, dominio de la lengua y nos revela además la personalidad y reflejo de la influencia del entorno social esa realidad que media entre la obra, el autor y el lector no importa el género de que se trate. Al leer tenemos la posibilidad de ofrecer el agradecimiento verbal o en silencio a aquellos que se entregaron a construir el estilo de la literatura.
En Cuba, febrero nos da la oportunidad de la Feria Internacional del Libro, se enaltece la letra impresa y los autores de todas las latitudes. Y es bajo ese pretexto que redimensionamos Félix Rubén García Sarmiento, conocido como Rubén Darío, posiblemente el poeta que ha tenido una mayor y más duradera influencia en la poesía del siglo XX en el ámbito hispánico. Llegamos a él a través de su vasta obra y le rendimos homenaje a propósito de que este 6 de febrero se cumple 102 años de su fallecimiento. Rubén Darío, poeta nicaragüense, iniciador y máximo representante del Modernismo literario en lengua española. Es poeta de trascendencia universal.
El poeta, considerado el máximo representante del modernismo hispanoamericano, es autor de Cantos de vida y esperanza, El cisne o Canción de Otoño en Primavera. Uno de los elementos básicos de su obra es la búsqueda de la belleza que se encuentra oculta en la realidad. Según Darío, uno de los objetivos de los poetas es hacer accesible al resto de los seres humanos la parte divina de la realidad, y para ello cuenta con la metáfora y el simbolismo. Por ello, el escritor rechaza la estética realista y crea escenarios fantásticos.
Repensamos sus versos al citarlos: Juventud, divino tesoro,// ¡ya te vas para no volver! Y así al presentarlo revivimos la intencionalidad del autor de darnos lo efímero y la exhortación de vivir intensamente. Y en estos versos cuando reitera: Amar, amar, amar, amar siempre, con todo el ser y con la tierra y con el cielo, con lo claro del sol y lo oscuro del lodo; amar por toda ciencia y amar por todo anhelo. Y entonces reafirmamos que es inmortal la poesía, que es vital al hombre que es inspiración, incentivo y fuerza. En su (Canto de Esperanza) es intenso al expresar: No pidas paz a mis brazos // que a los tuyos tienen presos: // son de guerra mis abrazos // y son de incendio mis besos. La palabra llena de simbolismo sugiere, provoca, nos lleva a imaginar, a sentir, a añorar.
Su universo poético registró una intensa variación paralela a la decantación de recursos estilísticos. Las alusiones a princesas, encantamientos orientales, medievales pasiones y cisnes fueron cediendo espacio a preocupaciones filosóficas, desgarramientos íntimos, afirmaciones identitarias y en determinado momento a elocuentes denuncias a la arrogancia imperial, como el caso del poema A Roosevelt.
Conocido también como el príncipe de las letras castellanas, Rubén Darío nos dejó sus obras y el legado que en ella se recoge. Muchas frases en su trayectoria poética entrañan un significado patriótico, entre ellas figura: «Si pequeña es la patria, uno grande la sueña». Otras ciertas ideas que dejó para la posteridad son las que escribió con gran lirismo sobre el amor y en especial sobre la literatura cuando afirmó: «el libro es fuerza, es valor, es alimento; antorcha del pensamiento y manantial del amor». De ahí que justamente aceptemos las propuestas de la Feria del Libro 2018, en La Habana.
Sigamos sus pasos y es precisamente a través de la lectura a más de cien años de la pérdida de Darío que lo imaginamos entre nosotros, sensitivo. El disfrute de su creación literaria será siempre una experiencia ineludible para entender la poesía latinoamericana porque la literatura hace inmortal a los autores.