El trabajo por cuenta propia satisface muchas de las demandas de la población. Foto: Alejandro Lóriga R/A
El taller para celulares, la dulcería, el restaurante de comida criolla o la concurrida peluquería de la vecina son algunos de los tantos establecimientos que ya son comunes en todos los municipios de Cuba; ellos mejoran las condiciones de vida de los pobladores donde están enclavados, generan empleo y apuestan significativamente por el desarrollo de la economía de la nación.
El trabajo por cuenta propia surge después de la aprobación de la Resolución No.32 del 7 de octubre de 2010 del Comité Ejecutivo del Comité de Ministros de Cuba (derogada y puesta en vigor en la Resolución 33 del año 2011). A partir de ese entonces recibió un fuerte impulso y reaparece como una forma no subordinada a la administración de una entidad laboral. Punto de partida para que cubanas y cubanos, con los requisitos establecidos, ejercieran la nueva modalidad de oficios y labores en el área privada.
Su crecimiento es notable. Cada año que pasa la componen más ciudadanos pese a temas pendientes, que están todavía sobre la mesa, y posibles transformaciones que permitirán mayor legalidad y control en las actividades. Por solo citar algunos ejemplos están las insatisfacciones sobre la cuantía de los impuestos a pagar, la falta de insumos, el acceso a financiamientos, los altos precios de los productos y la poca o "no" existencia de mercados para adquirir la materia prima. En fin una larga lista que demuestra cuánto nos resta por analizar y buscar soluciones.
En medio de tales circunstancias podemos constatar que muchos son los logros de la creciente forma de empleo: avances en áreas de impacto para la comunidad, el transporte, la gastronomía, esta última con un alto porcentaje de actores económicos y la contribución a los presupuestos territoriales.
Si bien son tantos sus beneficios, se ha hecho necesario reorganizar este sector y diseñar nuevas medidas encaminadas al perfeccionamiento de manera general, que no significa que desaparecerá el cuentapropismo en la Isla. Según explicó a Granma Marta Elena Feitó Cabrera, viceministra primera de Trabajo y Seguridad Social, "la más reciente evaluación al desempeño de este sector permitió comprobar, entre otros elementos, que se utilizan materias primas, materiales y equipos de procedencia ilícita; persiste el incumplimiento de obligaciones tributarias y se subdeclaran ingresos; falta de enfrentamiento y solución oportuna a los problemas, subsisten imprecisiones e insuficiencias en el control, así como se constatan deficiencias en la contratación económica para la prestación de servicios u oferta de productos entre personas jurídicas y personas naturales". --¿Vale el perfeccionamiento?-- Claro que sí, estos resultados lo demuestran y más si se trata de un grupo considerable de ciudadanos con posibilidades pero con obligaciones y deberes.
Exigir el cumplimiento de la legalidad, combatir la impunidad y no permitir la evasión fiscal también será imprescindible. Más ahora que el Estado confía en emprendedores no estatales que con sus aportes respaldan gastos públicos y benefician además a sectores como la salud, la educación, la cultura, el deporte y la asistencia social. Cuántas bondades, ¿verdad?