Las fiestas del Santo Patrono

San-Antonio-Abad-2-1024x399 Una de las fiestas más lúcidas y coloridas que se realizaban en el Ariguanabo eran las fiestas del Patrono San Antonio Abad. Desde la refundación de la Villa en 1794, fueron muy famosas, a tal punto que venían forasteros de todas partes a participar en ellas. Estos festejos se convirtieron en una costumbre ancestral para los ariguanabenses.

El día 17 de enero se celebraba una gran fiesta religiosa, con solemne sermón y misa cantada por los más conocidos y sacros oradores de los alrededores o de la capital. Esta oración solía versar sobre la vida ejemplar y las virtudes de San Antonio Abad, aunque también se pedía bienestar y salud frente a las epidemias y que las cosechas fueran abundantes para el año que recién comenzaba. A la ceremonia concurrían todas las autoridades con el ayuntamiento, regidores y su presidente al frente, vestidos de rigurosa etiqueta. Estas mismas autoridades presidían por la tarde la procesión, acompañadas de un lúcido cortejo compuesto por las personas más notables de la población y de sus alrededores. Asistían también numerosos colegiales de San Isidro, precedidos por una gran orquesta. Un río de flores cubría las calles por donde pasaría el Santo Patrono.  

Las fiestas ariguanabenses del Santo Patrono duraban unos ocho días. En las noches seguían las fiestas no religiosas con bailes tradicionales y numerosos juegos. El colorido era de tal magnitud que en fachadas, ventanas y balcones se colgaban todo tipos de cortinas de damasco y telas a modo de estandartes, que ondeaban junto a las banderas en todos los mástiles de la Villa. En las puertas y fachadas se colgaban además, cañas bravas y pencas de guano. Las fiestas de la Villa eran tan generosas, que se reflejaban en la prensa de la capital. En la crónica publicada en el Diario de La Habana, con fecha ocho de febrero de 1843, su autor José Victoriano Betancourt se refiere a la armonía de la música, los trajes y adornos utilizados, la educación de las señoritas y el progreso de la Villa en aquella época. Las fiestas del Santo Patrono constituyen para los ariguanabenses una leyenda que pudiera rescatarse.