Fidel junto a jóvenes cubanos. Foto InternetHaga cada uno su parte de deber, y nada podrá vencernos. Esta máxima de Martí hizo inmortal a Fidel Castro Ruz. Fidel sufrió en carne propia las vicisitudes por las que pasó su patria esa por la que nunca se venció hasta no verla libre.
Desde que ingresó en septiembre de 1945 en las carreras de Derecho y de Ciencias Sociales y Derecho Diplomático en la Universidad de La Habana se vinculó de inmediato a las luchas políticas en el seno del estudiantado universitario y ocupó diferentes cargos en la Federación Estudiantil Universitaria.
Fue miembro destacado de diversas organizaciones estudiantiles progresistas y antimperialistas como el Comité Pro-Independencia de Puerto Rico, el Comité 30 de Septiembre - del que fue fundador - y el Comité Pro-Democracia Dominicana, en el que ocupó la presidencia. Lideró desde la Sierra Maestra la lucha en las montañas, al igual que en los llanos para liberar a la Cuba oprimida.
En su entrada triunfal a La Habana el pueblo comprendió que la patria se iluminaba. Desde ese momento se vislumbró que este hombre dejaría de vivir su propia vida para vivir la de su patria. Siempre pensó en el pueblo antes que en él. Les dio la tierra a los campesinos con la Reforma Agraria y la luz del saber con la Campaña de Alfabetización. Solucionó los problemas fundamentales existentes en aquella época, esos que el pueblo cubano defiende como este hombre que es todo un faro protector para la Isla.
Hoy, cada cubano disfruta de los beneficios de la Revolución. Se regocija de una enseñanza gratuita, de centros recreativos y de derechos constructores de un hombre digno. El cuidado de la salud es una prioridad en las instituciones, esas que velan por la higienización de cada habitante de este terruño. En mi opinión cada cubano digno de esta tierra debe preservar los logros obtenido por esta Revolución y su líder indiscutible Fidel Castro, conquista preservada para mantener la paz, dignidad y entereza de todos.