Palmar de Junco: la cuna del béisbol

Palmar de Junco. Foto: Tomada de internetPalmar de Junco. Foto: Tomada de internet Hoy se cumplen ciento cuarenta y tres años del primer juego de béisbol publicado en la prensa. El Palmar de Junco fue el escenario. Los protagonistas, los equipos de La Habana y Matanzas. El 27 de diciembre de 1974 se realizó el encuentro. Cuatro días después, el periódico El Artista en La Habana saca a la luz la reseña del desafío, lo que constituye la primera crónica de béisbol en la historia.

No importa el tiempo para que sigas reluciente, cuidado y orgulloso de la historia que descansa en tus almohadillas, gradas y montículo. Querido Palmar, por ti, pasaron estrellas del béisbol cubano como Esteban Bellán, Emilio Sabourín, Ernesto Guilló, Martín Dihigo y José de la Caridad Méndez, todas leyendas vivas de los diamantes cubanos y extranjeros.

También una que otra vez jugaron béisbol en tu grama los hermanos Sánchez, Rigoberto Rosique, Félix Isasi y Jorge Luis Valdés, por citar algunos de la era post Revolución Cubana. Eres paradigma para las nuevas generaciones que quieren beber de tu historia. Eres también, discordia y análisis. ¿Por qué? Sencillo. Muchos alegan que debe ser en tu seno donde se erija el Salón de la Fama del Béisbol Cubano. Sobran méritos para que así sea. Otros no lo consideran y opinan que La Habana y su Vedado Tenis Club, es el mejor sitio para estos menesteres.

No importa Palmar de Junco. En ti también hay un Salón de la Fama. Eres Monumento Local desde 1979 y Monumento Nacional en 1991. Clasificas como una reliquia del béisbol cubano. En ti se practicó el pasatiempo nacional en los períodos colonial, republicano y revolucionario, tanto amateurs como profesional, incluso Cooperstown, en Nueva York, solo se mantiene como museo del deporte. En tanto, la actualidad matancera permite percibir a niños y jóvenes jugar a la pelota en el espacioso terreno que guardas con orgullo. Eso también es patrimonio, esencia viva de lo que representas para el béisbol cubano.

Hoy peinas canas que dan luz de plata a la testa de la historia. Muestras arrugas no visibles para la pupila humana. Sin embargo, respiras, disfrutas, sientes y palpitas con los primeros pasos de un niño tras la pelota o los memorables jonrones de jugadores de antaño.

¡Gracias por existir, Palmar de Junco! Esta es tu crónica, disfrútala y piensa siempre que existe amor después del amor. Nosotros, los que sentimos y defendemos el béisbol como patrimonio nacional, te veneramos. Usted también lo es. Felicidades.


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