Con la luz de su pupila cabalga la historia. Digo su nombre y vuelvo atrás en el tiempo para encontrar al pequeño alegre corretear por los espacios de la casona de madera, situada en el municipio de Alquízar, antigua provincia La Habana, hoy Artemisa.
Desde joven tuvo excelentes dones para la escritura. Por eso se hizo Bachiller en Ciencias y Letras y en septiembre de 1916 matriculó en la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana. Por coincidencia feliz el Generalísimo Máximo Gómez lo encontró un día en un tren mientras viajaba, tenía solo tres años y el destacado mambí le miró a los ojos y dijo: “Tu vida tendrá luz plena de mediodía”.
No se equivocó el dominicano. Aquel niño se convirtió con el paso del tiempo en figura necesaria para la lucha. Por eso lideró la Protesta de los Trece y fue fundador del Grupo Minorista. Se vinculó al Movimiento de Veteranos y Patriotas contra el gobierno de Alfredo Zayas y desde el ascenso al poder del general Gerardo Machado en 1925 lo combatió vehementemente.
Julio Antonio Mella y Carlos Baliño supieron de la valía del alquizareño para enfrentar la dictadura y ser ejemplo en el Primer Congreso Nacional de Estudiantes y la Comisión Nacional Obrera de Cuba.
La sagacidad y el valor de Rubén Martínez Villena, lo inmortalizó para la historia con una frase donde describió con genialidad al dictador Gerardo Machado: “… ¡no es más que un bárbaro, un animal, un salvaje... una bestia! ... un asno con garras.
El 16 de enero de 1934 las pupilas de Rubén dejaron de brillar. Sabía que moriría, pero antes el 17 de septiembre de 1930 escribió: “Mi último dolor no es el de dejar la vida, sino dejarla de modo tan inútil para la Revolución y el Partido, tengo el consuelo de haberte ayudado a dar un contenido tan grande a la vida, que él mismo te resguardará del dolor de mi pérdida. ¡Hay que estudiar, hay que combatir alegremente por la Revolución, pase lo que pase, caiga quien caiga! ¡No lágrimas! ¡A la lucha!
Así era Rubén Martínez Villena. Con la luz de su pupila ilumina a la generación de jóvenes que como él se empina y luchan por la causa de los oprimidos. A 118 años de su nacimiento la luz de su pupila insomne irradia a los artemiseños y cubanos.
Rubén Martínez Villena: Hombre sensitivo, revolucionario íntegro.
Diciembre nos abre las puertas al entendimiento, por estos días no solo se rinde tributo a los que aún viven y han podido ver el fruto de los sacrificios de tantos años acumulados en la gesta libertaria que desencadenó el triunfo del Primero de Enero; es necesario y estamos llamados a no olvidar a los que cayeron gloriosa y heroicamente por una causa, los que no tuvieron la dicha de ver desplegada la bandera de la estrella solitaria, sin ignominia, en el suelo querido de la patria que ellos regaron con su sangre joven.
Rubén Martínez Villena fue uno de los más brillantes intelectuales revolucionarios cubanos de su época. Nació en Alquízar, el 20 de diciembre de 1899, se fue a la eternidad el 16 de enero de 1934 e hizo suya la prédica de Martí, el ejemplo inmortal de Céspedes, de Agramonte, de Gómez, de Maceo, y de otros hombres legendarios que empezaron y ayudaron a fundar la Patria.
Las dotes de poeta, de revolucionario, de hombre sensitivo y carnal revelan profundamente al extraordinario ser humano. Ese es el mejor legado a la historia a su pueblo, a la juventud de este y todos los tiempos. Hace grandiosa cada expresión dotada de exquisitez, de vuelo poético y logra calar hondo. No hay en él decepción solo decide como hombre de acción, de ideas, de sueños, a la poética de la reivindicación civil.
Villena tuvo una vida corta tan intensa como le permitió su quebrantada salud, y salta como soldado cabal, lo guía el compromiso y despeja incógnitas. Se produce la renuncia heroica a la obra literaria y se entrega plenamente a la política. La renuncia a la poesía ocurre muy en los comienzos de su vida. Esa gran sensibilidad, nos ha dejado algunos momentos en que está el gran poeta. El conjunto de obras que en cada relectura lo redimensionan porque cada acto heroico traduce su condición de hombre de acción.
La lección fruto de la madurez ideológica, se impone como una realidad, que nos abarca a todos, la necesidad de la lucha social. Conocedor de los problemas sociales se siente obligado y no hay otra opción que la que dispuso el momento que le tocó vivir, la defensa de la mejor causa, abandonó la poesía y se convirtió con premura, en un surtidor de epopeyas . Eso está determinado por la urgencia, la necesidad inmediata de la acción política. Porque hay que tener en cuenta la época que le tocó vivir, que tiene mucho que ver por lo oprobiosa, cruel y sangrienta. Así el poeta propone estar Con el párpado abierto… y una carga para matar bribones. La respuesta para que no fuera un anhelo inútil.

