Artífices del surco

Guajiro cubano. Foto: Tomada de internetGuajiro cubano. Foto: Tomada de internet Despierta la mañana. El sol le roba la oscuridad a la madrugada. Antes de sus primeros rayos, los hombres del surco desandan la tierra mojada por el sereno. Guataca en mano, acarician la raíz de cada fruto, hortaliza o grano, para la producción del pueblo.

¡Guajiro cará! Usted que desafía al tiempo y deja correr las gotas de sudor por la frente como resultado de la cosecha erguida. Príncipes del verdor en los campos, del arado que traza el tractor, del machete desenvainado que corta la mala hierba, de la alzadora que prepara la caña y la convierte en azúcar.

Así eres guajiro. Artífice del surco. Hacedor de sueños en campos rebeldes. No importa la lluvia, no importan sequías. Estás, apareces con la agudeza de quien sabe de la productiva jornada. Tomas el porrón de agua y refrescas el calor del mediodía.

Entonces eres príncipe, Caupolicán, Quijote de diarias epopeyas. Amigo de la agricultura urbana y suburbana. Del patio o solar convertido en huerto, de las quimeras que haces realidad. Ahí están el fruto de tu trabajo. Malanga, calabaza, yuca, lechuga, acelga, tomate o cebolla llegan al mercado, al puestecito de la esquina, a la plaza en ferias dominicales. Todo, absolutamente todo, lleva el olor a tierra, a taburete donde descansas el mediodía, a bohío que guarda cantinas de leche después del ordeño.

¡Gracias, guajiro bueno! Usted, artífice del surco, merece mi respeto. Esta crónica va en su nombre. Le confieso sentir orgullo de su labor. Yo escribo, usted produce. Los dos somos príncipes, somos útiles.