Por el más capaz

Votar por el más capaz y por su fidelidad al pueblo, es la única consigna durante la campaña y promoción de las elecciones cubanas. Cualquier ciudadano de este país que cumpla los requisitos legales de elector pudo ser nominado como candidato a delegado a la Asamblea Municipal del Poder Popular.

Solo por sus verdaderas cualidades como persona íntegra, responsable, revolucionaria y nunca, desde 1959, ha tenido que ver la posición social y en ello implícito el estado de una cuenta bancaria. Jamás ha importado si es blanco o negro, hombre o mujer, ni tan siquiera si es una persona de grandes influencias o poder. Lo verdaderamente trascendental es que no ha sido, ni será necesario en nuestra democracia socialista, desarrollar una campaña electoral que haga falsas promesas de gratuidades en la salud o en la educación, mejoras en los salarios de los trabajadores y reformas sociales, porque representan derechos innatos de nuestra Revolución.

En mi Cuba solo decide el pueblo, quien se basa en biografias divulgadas y en las cualidades que conoce y sabe de ese nominado que es su vecino. Este 26 de noviembre se lleva a cabo la elección de delegados municipales y como característica tradicional en la historia de nuestro país serán elecciones sin componendas ni fraude, sin demagogia ni politiquería.

Marcado por la transparencia y la honradez, se caracteriza todo el proceso eleccionario en Cuba. Desde el inicio de la etapa de nominación por parte de los electores a sus candidatos a delegados a la Asamblea Municipal del Poder Popular, donde se hace fe de la libre expresión al escoger en público y a viva voz a ese ciudadano que consideramos el ideal para representarnos y velar por los bienes sociales.

La campaña electoral es el llamado a la participación voluntaria y consciente, donde todos somos hacedores de democracia al elegir mediante el voto secreto y directo a quien consideramos un futuro delegado digno de representarnos, de defender nuestros intereses y conquistas; y no por su riqueza sino por sus méritos y aptitudes, por su honradez, convicciones políticas y revolucionarias, es decir a quien valoramos como mejor y más capaz. Y es así como se inicia una sucesión de pasos y etapas en la que la decisión del pueblo es quien determina finalmente a un elegido, mediante el voto secreto depositado en urnas custodiadas orgullosamente por pioneros.

 

 

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