Cultura y elecciones

Elecciones en Cuba. Foto tomada de InternetElecciones en Cuba. Foto tomada de Internet

Sea porque las elecciones se han impregnado de las tradiciones y el alma de las comunidades o porque el pueblo cubano asume su vida con alegría, las elecciones se expresan también a través de la cultura. Sin perder el rigor, los cubanos acompañan ese acto constitucional con pioneros junto a las urnas, engalanando las calles y sitios de votación con banderas, carteles y pinturas alegóricas y la música de esos días suena a Silvio, Pablo, Sindo Garay, Sara González y Buena Fe…

Hay comunidades que despiertan ese día al toque de la diana mambisa, como los patriotas hace 150 años, y otras culminan la participación vecinal con una conga entusiasta y revolucionaria por las calles. Esto, sin contar que nuestros intelectuales y artistas participan en todo el proceso y alguno resulta electo por sus méritos, virtudes y dignidad. La patria es también la expresión de su cultura, de los sentimientos colectivos de su unidad. Aun atravesando tiempos difíciles, crisis económicas, sequía y huracanes, recrudecimiento del bloqueo y males internos que tanto nos dañan, el cubano sale a flote con su inteligencia y optimismo, que son también parte de su cultura.

Coinciden estas votaciones con el primer aniversario del deceso de Fidel, aquel iluminado del pensamiento que en circunstancias más difíciles, sentenció que lo primero que había que salvar era la cultura. Hace más de 50 años, en un histórico encuentro con intelectuales y artistas, celebrado en la Biblioteca Nacional, en 1961, conocido como Palabras a los intelectuales, Fidel subrayó: Pedimos al artista que desarrolle hasta el máximo su esfuerzo creador… Estamos pidiendo el máximo desarrollo a favor de la cultura /…/ porque la Revolución significa, precisamente, más cultura y más arte.

Sin embargo, a propósito de esta evocación del Comandante, reviven en mí otras palabras que comentó luego del accidente sufrido en Villa Clara, en 2006. No podría olvidar jamás la intensa impresión que me causaron su sentido humano y su perenne preocupación por los demás. Ecuánime, desde el dolor, ofreció disculpas por haber preocupado a los presentes y pidió que continuara el acto cultural. También en esa lección de grandeza y sencillez se distingue nuestra causa, nuestra vida y nuestro destino como pueblo y Revolución, siempre ligado a la cultura.