Ignacio Cervantes: Foto: Tomada de internet
Ignacio Cervantes fue uno de los compositores cubanos más destacados del siglo XVIII. Este virtuoso del pentagrama residió en 1856 con su familia en San Antonio de los Baños. Su padre era el abogado y músico Pedro Cervantes, quien desempeñaba el cargo de Alcalde Corregidor de la Villa del Ariguanabo.
Ignacio Cervantes fue expulsado de Cuba en 1875 por su contribución económica a la guerra de los diez años. Marchó a los Estados Unidos y se incorporó a las filas de los patriotas que trabajaban infatigablemente por la independencia de la Isla. Su cubanía se hizo sentir aún más en tierras extrañas, donde escribió tres danzas para cuatro manos, que interpretaba en unión de su esposa.
En obras como Los delirios de Rosita, La camagüeyana y Los muñecos, supo captar y utilizar adecuadamente los elementos melódicos de origen africano que bullían en los ambientes más populares de su época. Pudo como nadie ubicar esas células rítmicas en el lugar apropiado y combinarlas entre sí, creando un ambiente sonoro cubano que brota en cada una de sus notas, sin perder el empaque romántico. Al volver a Cuba en 1878 con la paz del Zanjón, sintió tal alegría que compuso Vuelta al Hogar, una de sus páginas más llenas de euforias y regocijo criollos.
Ignacio Cervantes pasó a la historia como compositor por la creación de danzas para piano, obras con las que alcanzó la plenitud el criollismo romántico musical. La glorieta de Almendares fue la única de sus piezas hechas para bailar. El enriquecimiento pianístico, que por una depurada técnica le imprimió a sus danzas, convirtió a esas pequeñas piezas en verdaderas obras de arte. Hizo de la danza uno de los más altos y fieles exponentes de la música cubana en los finales del siglo XXVIII.

