La excelencia de un bosque

Rafael Rodríguez Ortiz. Foto: Tomada de internetRafael Rodríguez Ortiz. Foto: Tomada de internetLo publicó la radio y lo leí en la prensa digital. El Bosque Martiano del Ariguanabo obtuvo la condición de Excelencia Nacional por quinta ocasión. ¡Cuánta gloria repartida en honor al maestro José Martí! ¡Cuánto sacrificio de su creador para hacer realidad un sueño!

Eso, precisamente eso es el Bosque Martiano del Ariguanabo. El sueño de un hacedor de voluntades. Rafael Rodríguez Ortiz, un Quijote del siglo XXI. Un guajiro natural que repasa las páginas del Apóstol en su Diario de Campaña y enciende las pupilas de los mortales, cuando admirados visitan el majestuoso sitio ariguanabense.

La excelencia de un bosque merece todos los elogios. Merece recordar que antes fue un vertedero. Hoy es joya de la naturaleza y la sabia humana. Joya además de la obra martiana. Digo más, de la obra de la Revolución Cubana. En el Bosque Martiano del Ariguanabo, bajo la sombra de la Ceiba, el Najesí, el Caguairán o la palma, está el sudor de nuestro querido “Felo”, también la mano creadora de los pequeños Guardianes de la Naturaleza; están las botas enlodadas de quien desafía tempestades, neblinas y atardeceres, para crear y hacer que sus iguales amen la obra de José Martí. Ese es Rafael Rodríguez Ortiz.

Visitar el Bosque Martiano del Ariguanabo es tocar la campana de La Damajagua, regresar a Cinco Palmas, montar el yate Granma o contemplar la caída del Apóstol en su caballo Baconao.

Ese es nuestro Bosque Martiano del Ariguanabo, el de Excelencia Nacional, el que se expande orgulloso a orillas de la carretera entre San Antonio de los Baños y Alquízar. Símbolo de todos, cobija de muchos, sitio obligado para la historia, si se trata de José Martí.

¡Gracias, mi Bosque Martiano del Ariguanabo! Mereces todas las excelencias, también esta modesta crónica. Te lo aseguro.