Guillermo Alfredo Torres Rodríguez. Foto: Tomada de internet
Otra vez Guillermo Alfredo Torres Rodríguez pulveriza platillos en el aire y hace diana para estar en los Juegos Centroamericanos y del Caribe. Barranquilla será el escenario ideal para verle triunfar. Escopeta en ristre, volverá al polígono para hacer lo que mejor sabe, colgar medallas en el pecho con la inmensa modestia que acompaña su trato y sonrisa.
Este fin de semana Torres Rodríguez estuvo en la capital del merengue y con pólvora encendida, junto al sabor a son cubano, recordó que la experiencia es también un arma letal. Resultó el mejor ubicado por Cuba en la justa clasificatoria realizada en República Dominicana al terminar sexto.
Sencillo, sereno y seguro de sí mismo, Guillermo Alfredo no dejó escapar la posibilidad de volver a defender los colores de Cuba en la cita regional más antigua del mundo. Será la decimotercera vez que su nombre aparezca en los listados de atletas para el tiro deportivo en la especialidad del Skeet. Allí buscará una nueva presea para su patria chica, San Antonio de los Baños. Una presea para todos, incluso para aquellos que perdieron la confianza en él, a pesar de su disciplina y entrega, solo por no tener una medalla olímpica.
Es cierto, le falta a nuestro atleta un metal en la cita más importante del deporte en el mundo. Lo quisiéramos todos, él también, pero no ha sido posible. Sin embargo, eso no mancha su excelente trayectoria deportiva. En ella goza la dicha de haber sido recordista del mundo, de ser medallista en copas del mundo y además, aparecer como titular en los Juegos del ALBA, las Olimpiadas del Deporte Cubano y los Torneos Benito Juárez, ya extinguidos.
¡Gracias Guillermo Alfredo! Otra vez en busca del podio centroamericano. Otra vez su nombre se alzará para escuchar el himno de Bayamo. Volverán a humedecerse las pupilas de quienes le queremos de verdad. Regresará la emoción de una medalla, no importa el color. Entonces, volverás al barrio victorioso. Compartirás con la gente que sabe de sus sacrificios y serás doblemente feliz. Confío en usted, hermano. Claro que confío. Más de cincuenta años descansan en su orografía, más de treinta de ellos tocados por el sonido de disparos y el fuerte olor a dinamita. Así eres Guillermo Alfredo.
No habrá disparo que escape a su grandeza como atleta, tampoco a su modestia y altruismo. ¡Felicidades por esta vez! No digo más, porque las palabras se pulverizan ante la fuerza de su estelaridad.

