Hace casi 90 años se presentó en los salones del Círculo de Artesanos una novela que produjo sensación: La vida manda. Como en La Habana, el libro causó gran revuelo y también llovieron las críticas y censuras. Su autora fue Ofelia Rodríguez Acosta, una valiente escritora artemiseña. Por ser mujer y soltera, y por revelar en su obra las ansias de liberación que sentía la mujer de aquella época, fue duramente incriminada.
En su novela, la protagonista aspira a cumplir su verdadero papel social dentro de una nación machista e hipócrita que la esclavizaba y va pasando por distintas etapas, desde de sus primeros noviazgos hasta su frustrado suicidio.
Ofelia Rodríguez Acosta imparte una vívida clase sobre el vía crucis que reservaba la sociedad de entonces a la mujer, negándosele lo que la naturaleza le otorgó y de la que el hombre se apropió para su uso exclusivo. Contra esto La vida manda se rebela enfáticamente. La autora se enfrentó decididamente a todo y a todos y exhibió su atrevida novela y sus animadas descripciones naturalistas que tanto resquemor levantaron entre los mojigatos de 1929.
Ofelia Rodríguez Acosta no se preocupó mucho por embellecer su estilo: fue directo al tema, con vehemencia, con sinceridad y concluyó la obra con el pesar de la desesperación en un reproche a su sociedad.
La vida manda es un vibrante alegato en defensa de la mujer y de sus más legítimos derechos. Y aunque muchos de los reunidos en la tertulia ariguanabense no lo comprendieran, fue un libro necesario.