Manuel García Ponce. Foto: Tomada de internet
Dos largometrajes (uno silente y otro sonoro), una historieta publicada durante 5 años en los principales diarios, varias novelas radiales, magníficos óleos de Carlos Enríquez en el Museo Nacional y una abundante literatura, amén de la tradición oral, es el tesoro que legó Manuel García Ponce, El rey de los campos de Cuba, al imaginario de la nación.
Aunque nació y murió en Matanzas (1851-1895), gran parte de su vida transcurrió por estas zonas primero de Quivicán y luego Bejucal, San Antonio de los Baños y pueblos aledaños. Con veinte años sufrió prisión cuando atacó a un alcalde, que según se cuenta, no respetó a su esposa (Rosario Vázquez, Charito, su eterno amor). Luego de liberado, sorprendió a su padrastro maltratando a su madre. Lo golpeó y como no deseaba regresar a la cárcel, se fue al monte y comenzó su leyenda de bandido al estilo romántico, rebelde, humanista y justo que como Robin Hood, robaba a los ricos y daba a los pobres.
Al emigrar a Cayo Hueso (1885) y trabajar como tabaquero junto a la emigración cubana, su rebeldía se pone al servicio de la independencia. Se asegura que le encomendaron misiones secretas para preparar la guerra en La Habana. En 1887 desembarcó por Puerto Escondido (Santa Cruz del Norte) junto a cuatro patriotas. Un capitán del Ejército Libertador dirigía las acciones, pero al morir luchando se le confió la dirección a Manuel García.
Fue buscado con saña por el ejército español, desde Las Villas hasta Pinar del Río, pero Manuel García era un fantasma. Atacaba poblaciones y cuarteles, destruía propiedades enemigas y recaudaba fondos para la revolución, aunque a través de secuestros de personajes del régimen.
El más espectacular aconteció en diciembre de 1894. Disfrazado de oficial español, entró a la vivienda del ingenio El Carmen, próximo a Jaruco y raptó al hermano del Gobernador Civil de La Habana exigiendo 8 mil pesos que la familia no quiso pagar. Días después, el Gobernador ofrecía 20 mil pesos por la cabeza de Manuel García.
Manuel García ofrece el dinero a la causa y comunica a Máximo Gómez “que está dispuesto y listo para entrar en acción”. José Martí no acepta el dinero y encarga a Juan Gualberto explicar a Manuel que no tome la negativa como un desaire, que si la guerra estallaba, “ya tendría oportunidad de mostrar sus condiciones de patriota”.
El 24 de febrero de 1895, partió con sus hombres hacia la localidad de Ibarra (Matanzas) para participar del alzamiento que organizaron Juan Gualberto Gómez, cuando fue asesinado por un traidor.
Su vida aventurera y las calumnias de la propaganda colonial, le dieron al Coronel Manuel García el encanto de un mito que aún se recuerda en el Ariguanabo y que el tiempo no ha podido apagar.