El susto de Mambole
El maestro Félix Romero lo vio con sus ojos de este modo: Alto, fuerte para ser casi sexagenario, de hablar tempestuoso, pelo cano muy corto, nariz ligeramente encorvada, desarmonía total en su razón confusa y trastornada, pero nada de violencia ni agresividad. Así conocimos a Mambole.
Un grupo de jóvenes y viejos sentados en el muro izquierdo del río, cerquita del puente del ferrocarril, se reunían con el propósito de pescar alguna trucha, carpa o biajaca, frecuentes en esas aguas.
Algunos comprobaron que el anzuelo de Mambole carecía de carnada. Por este motivo le preguntaban: Mambole ¿Por qué tú pescas sin carnada?
Mambole, con su mente trastornada les decía: Yo no soy como ustedes que engañan y hacen trampas. Que los peces solos vengan si quieren y se enganchen ¡Yo no engaño a nadie!
Otro hecho, sucedido en el año 1939 revela cuán creativo fue Mambole. Era una noche pasadas las once y en una casa de la calle Juan Delgado conversaban Goyo García y otros vecinos del pueblo con Teresa Cartaya. De pronto se rompió el apacible desarrollo de la conversación, cuando revólver en mano entra Mambole diciendo serio, firme y decidido: No se mueva nadie. Voy a matar a Goyo, a Teresa, voy a matar a todos.
Aquello generó un julepe general y gritos cuando Mambole, de un modo solemne guardó su arma y se marchó tranquilo abandonando su dominio.
En el suelo había quedado un reguero de fétidos residuos de pánico, esparcidos como consecuencia del susto de Mambole, que atacó la reunión familiar nocturna con un revólver de plástico.