Camilo y Fidel: entrañables amigos. Foto: Tomada de internet
Regresa octubre con su carga patriótica. Con él ese arrojo increíble de guerrillero nombrado Camilo Cienfuegos Gorriarán. El Comandante de pueblo que estuvo en mil batallas y nunca tembló. El amigo incondicional de Fidel y su hombre de confianza.
Es 28 de octubre y tu imagen vuelve a convertirse en multitud enardecida. El Héroe de Yaguajay o sencillamente El guerrillero del Sombrero Alón destacó entre todos los de la Sierra Maestra por la humildad y sencillez. En cada combate nunca temió al enemigo, siempre enfrentó con hidalguía el fragor de la batalla y jugó con el peligro cual si fuera un goce.
Así era Camilo Cienfuegos Gorriarán. Amplia ascendencia popular por su carácter jovial. Su natural desprendimiento, su manera exquisita de hacer jaranas y el respeto a los superiores, fueron cualidades para merecer el honor y la gloria.
Comandante de Pueblo que regresas siempre. ¿Cómo no mencionar su nombre en este octubre luminoso?, en este mes que lo guarda eterno entre cielo, mar y tierra. ¿Dónde estás? Nadie lo sabe. Perdón, sí lo sabemos. Estás en todas partes, Camilo. En la cumbre, los ríos, la llanura; en la ciudad y el campo. Estás en el joven que sigue su ejemplo y viste de verde olivo. En el deporte, la música y la poesía. Estás en aquella frase inmortal de Fidel: “¿Voy bien Camilo?”. Estás y estarás por siempre, no lo dudes Comandante. En Cuba hay muchos Camilos.
Estás porque todavía se habla del triunfo en Alegría de Pío. Se estudian los combates de Bueycito, El Hombrito y Pino del Agua. En todos persiste tu valentía y arrojo. Allí te formaste y creciste; entre tiros, monte y pólvora. Creciste desde el grado de Teniente de Pelotón, hasta llegar a Comandante. Entonces fuiste el Señor de la Vanguardia.
Comandante de Pueblo, hoy vuelves y cabalgas en el sentir de Cuba. Regresas triunfador como lo hiciste en Yaguajay. Sencillas manitas de niños te regalan flores en mares y ríos de la Patria. Te tocan, te abrazan, te miran, te aman. Por un momento de este octubre, vuelves e iluminas. Apareces y sonríes. ¡Gracias, Camilo!