Recopilación de Dayamí Tabares.
Cada vez que el Ayuntamiento se quedaba sin fondos, se buscaba una salida a través de la creación de nuevos impuestos, o el incremento de los que ya existían. Por este motivo, en 1827 se aprobó que todas las casas que tuvieran portales y colgadizos debían pagar seis pesos anuales. Nadie más construyó portales.
Luego, en 1856 se impuso un impuesto de un peso al gallo que ganara en la pelea de la valla municipal. Como las peleas entre gallos disminuyeron, el impuesto quedó rebajado a 50 centavos.
En 1917 el Ayuntamiento cedió al Ejército el edificio de la antigua cárcel, hoy escuela secundaria básica Roberto Valdés Santos, para que se instalara allí el Cuartel de la Guardia Rural, pero como existía un acuerdo anterior que prohibía hacer concesiones gratis, se aprobó cobrar un peso al año.
En 1931, el Ayuntamiento necesitado de dinero, decidió aumentar un poco las contribuciones de la evaluación de las casas, situación que provocó inconformidad de los propietarios y 661 reclamaciones, pero la más curiosa fue la establecida por Alberto González, propietario de la casa donde radica hoy el Museo del Humor, al que se le adjudicó 28 pesos anuales y antes pagaba 27.85. Reclamó los 15 centavos y ganó el pleito.