Por más de cincuenta años Cuba vive con el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por el gobierno de los Estados Unidos.
Quizás alcanzar el triunfo revolucionario en enero de 1959 y desplazar de la Isla a fuerzas opresoras y dominantes fue el motivo para responder con esta política cruel, inhumana, sin legalidad y legitimidad que se ha convertido en la más larga de la historia; pero lo cierto es que en Cuba desde aquel octubre de 1868, demostró en La Demajagua el comienzo de una Revolución protagonizada por Céspedes y que nuestro pueblo lleva adelante hasta nuestros días.
El gobierno norteamericano en varias ocasiones ha patentizado el fortalecimiento de las sanciones y la persecución extraterritorial contra los ciudadanos, instituciones y empresa de terceros países que establezcan cualquier tipo de relación con Cuba, actitud caracterizada por el recrudecimiento y la violación de derechos humanos entre las naciones.
La Mayor de las Antillas tiene una realidad: grandes pérdidas económicas cada año; sin embargo vuela una paloma blanca en el mundo entero y pese a la política de quienes dirigen los Estados Unidos, se estrechan las manos de otros preocupados y ocupados por la causa.
El tiempo revela las pocas intenciones de eliminar este genocida bloqueo aunque el 17 de diciembre de 2014, en una locución simultánea el presidente de Cuba Raúl Castro Ruz y Barack Obama, entonces presidente de los Estados Unidos, anunciaron el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre los dos gobiernos y fue la voz de Obama la que reconoció el fracaso de esta política y la necesidad de realizar un cambio en este sentido.
Hoy, a 3 años de aquel encuentro cae sobre Cuba el peso de un gobierno títere, sin cimientos y ausente de valores que promueven relaciones a su entender, y llama a prolongar el vigor de las leyes, disposiciones y prácticas que le sirven de sustento.
Repite el nombre de mi Patria, Cuba, nombre compuesto por solo 4 letras que bastan para demostrar que no es ni será una colonia otra vez; que no teme a las consecuencias porque se levanta y con ella lo hace Latinoamérica y el Mundo; que no entiende de Trumps en plural; pero mejor aún, que seguirá valiente, revolucionaria y defensora de su historia hasta tanto no se proponga un cambio que empiece por derribar el bloqueo.

