Foto: Tomada de internet
Artemiseño de nacimiento, exquisito bebedor y sabio en secretos de cubanía, Fernando G. Campoamor, publicó en 1985 El hijo alegre de la caña de azúcar, una biografía del ron, -que ya en 1993 iba por su tercera edición y hoy cuenta con más de diez en Cuba y el extranjero.
Presente muchas veces en las tertulias y presentaciones de libros, se recuerda en San Antonio de los Baños al famoso periodista y escritor Fernando González Campoamor, que vivió entre 1914 y 2001.
Su inmediato éxito no está solo en lo original del tema, tan importante en el desarrollo del país -y sin dudas- una contribución cubana al mundo. El hijo alegre de la caña de azúcar se lee gustoso por la constante mezcla de lo erudito y lo popular, incluso con hábiles pinceladas de poesía y humor.
Por ejemplo, así describe el contacto del gran almirante Cristóbal Colon con la caña de azúcar: “Conoce bien la caña de azúcar, y un ingenio de azúcar de Bartolomé Perestrello y ahora; al verse cara a cara con su hija Flipa, una flecha azucarada le enmelá el fogoso corazón al italiano y la ambrosia del amor los casó.” Muy original la manera de contar el enamoramiento de Colón con la caña azucarada.
El libro describe la historia de la caña, el comienzo y desarrollo de la fabricación del aguardiente, desde el más rústico hasta el más refinado, la aparición del ron destilando alegría y casi desplazando al aguardiente, pues logró entrar al selecto y elegante Moulin Rouge (Molino Rojo) de París y a la mansión de Josefina Bonaparte en la isla de Martinica. También nos relata la historia de la destilería de Santa Cruz del Norte, la mayor y más moderna del mundo en 1985, y las condiciones idóneas de su suelo para que podamos proclamar al orbe lo que se venía proclamando internacionalmente desde 1925: “no hubo ni podrá haber en ningún momento de la historia ni en país alguno un ron como el nuestro”.
El libro está hecho con verdadero y amplio conocimiento, amenidad y sabias reflexiones. Por eso se lee y relee con deleite. Ofrece, además, muchas ilustraciones y cierra con un extenso y chispeante vocabulario popular relativo a lodo lo que se dice del ron, de los bebedores y de la embriaguez. Tampoco faltan algunas recetas de tragos y cócteles a base de ron.
Campoamor, como su libro y el buen ron, se le recuerda aquí como hijo alegre de Cuba y su más alta cultura.

