El envejecimiento poblacional constituye un tema primordial en la actualidad. En nuestro país se trazan innumerables estrategias para contribuir a la calidad de vida de este grupo de personas.
Al hablar de calidad de vida, me refiero al bienestar físico, según el estado de salud y la seguridad física; está también el bienestar material como la privacidad, los alimentos y la vivienda, el bienestar social que se manifiesta en las relaciones interpersonales con la familia y las amistades, así como el bienestar emocional que incluye la autoestima y el estado respecto a los demás.
La atención de las personas de la tercera edad, desde la consulta del médico de la familia o el grupo integrado del policlínico, incluye trabajadores sociales, enfermeras, psicólogos y especialistas en medicina que garantizan el nivel de vida de los ancianos.
La atención comunitaria y hospitalaria de los médicos desempeña también un papel importante mediante las visitas a los hogares para comprobar el estado de salud de los ancianos que por diversas causas no pueden presentarse en los centros asistenciales.
Los cierto es que no todas las personas que arriban a la ancianidad poseen las condiciones económicas y sociales favorables para el desarrollo de una vida con calidad. Aquí juegan un papel fundamental los organismos como el Instituto de Deporte y Recreación que garantiza la práctica de ejercicios físicos en los Círculos de Abuelos comunitarios, además la entrega de módulos a los postrados, los cuales se distribuyen en las farmacias según las gestiones del Gobierno en cada territorio y qué decir del Hogar de Ancianos o del Sistema de Atención a la familia que brinda alimentos a buen precio para aquellos que lo necesiten.
Considero entonces que la calidad de vida de las personas de la tercera edad en Cuba tiene especial atención y seguimiento por parte de los diferentes factores sociales, comunitarios y de salud, con el objetivo de proveerlos de los recursos y formas saludables para vivir en armonía.


