Rafael Trejo González, irradiaba una ternura pura, y a la vez era un dirigente universitario exigente, con la moral de ser el primero en las manifestaciones estudiantiles, como lo demostró hasta el final de su vida.
Sin vacilaciones, el vicepresidente de la Asociación de Estudiantes de Derecho, en la Universidad de La Habana, marchó al mitin, dispuesto a correr todos los riesgos. Era el 30 de septiembre de 1930, y los universitarios se proponían lanzar una proclama al pueblo de Cuba; celebrar una asamblea en el Patio de los Laureles de la Universidad de La Habana, y marchar en manifestación hasta la casa del patriota Enrique José Varona; operaciones que representaban la ruptura de hostilidades con la dictadura machadista.
Ese día, al conocerse las intenciones del estudiantado, la fuerza pública rodeó la Colina Universitaria; y los jóvenes al no poder acceder al recinto, convocaron la reunión para el parque Eloy Alfaro.
Como única arma, los estudiantes llevaban sus puños y como escudo el pecho y las convicciones revolucionarias. Se escucharon disparos de armas de fuego, y se produjo la lucha cuerpo a cuerpo, en desigual desafío. Uno de los forcejeos fue entre un esbirro y el estudiante de 20 años, Rafael Trejo, quien cayó al suelo mortalmente herido de bala y con la cabeza ensangrentada; y horas después falleció en la sala de curaciones del Hospital de Emergencias.
Un embate de irritación invadió a los jóvenes manifestantes, quienes acrecentaron el odio hacia la sangrienta dictadura, incrementando la oposición al gobierno de Machado, hasta su derrocamiento en agosto de 1933.
A Rafael Trejo, lo distinguían su espíritu combativo, la honradez, disciplina e inteligencia natural. Le gustaba la música, cultivaba la poesía y practicaba deportes. Se hizo popular entre sus compañeros de curso y alcanzó plena conciencia revolucionaria.
El prestigioso dirigente de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), nació el nueve de septiembre de 1910, en San Antonio de los Baños, en la actual provincia de Artemisa. Su madre, Adela González Díaz, era maestra rural, y su padre tabaquero, que con gran esfuerzo pudo graduarse de Doctor en Derecho. En 1919 la familia de Rafael Trejo pasó a residir en la barriada de la Víbora, en la capital cubana.
De su mamá, Trejo tuvo una influencia martiana propia de la tradición formadora en los valores patrios de las generaciones de maestros rurales; y de su papá, la vocación por las ciencias jurídicas.
Sobre la afición de Trejo por la carrera de Derecho, y el amor a la Patria, en una oportunidad éste le confesó a su amigo Raúl Roa: "No creas que mi aspiración es hacerme rico a expensas del prójimo. Mi ideal es poder defender algún día a los pobres y los perseguidos. Mi toga estará siempre al servicio de la justicia. También aspiro a ser útil a Cuba. Estoy dispuesto a sacrificarlo todo por verla como quiso Martí”.
La huella de Rafael Trejo, no sólo está en la Universidad de La Habana, la misma que lo viera desafiar al régimen opresor, en la época de estudiante de Derecho; sino que su nombre prestigia a la Asociación de Combatientes 04-09 del Consejo Popular Oeste Rural, de su ciudad natal de San Antonio de los Baños.