Fidel, nuestro Comandante y líder indiscutible de la Revolución cubana, tenía una peculiar capacidad para representar en pensamiento y acción la rebeldía que caracteriza a los cubanos. Fue el promotor de la formación y el desarrollo de la conciencia en varias generaciones de revolucionarios.
Él fue quien permaneció junto al pueblo durante los ciclones, en Girón y en las permanentes batallas por defender los principios socialistas ante la agresión del imperialismo. El pueblo lo recuerda como preservador de la herencia cultural de la nación y en la aplicación de la ciencia al servicio de la humanidad.
Se le recuerda además como defensor de la participación de la mujer cubana en los más variados espacios sociales, como artífice de la solidaridad y luchador de las causas más justas y nobles, sin esperar recompensas.
Si bien fomentó la lucha de los revolucionarios y la unidad en el avance hacia el socialismo, también posibilitó el desarrollo de la educación, la salud, el deporte, la ciencia y la defensa del país, bajo el precepto martiano "Con todos y para el bien de todos".
Algo que siempre caracterizó a nuestro Fidel fue la plena confianza que tenía en los jóvenes como continuadores del proceso revolucionario cubano. A ellos le inculcó el amor a la patria y a los valores identitarios. Considero entonces que más que un referente obligado es un eje fundamental de la ideología y la política de un pueblo para el cual será siempre nuestro guía indiscutible.

