Miradas para un aniversario

Foto analógica del río Ariguanabo. Foto: Luis A DH R/AFoto analógica del río Ariguanabo. Foto: Luis Alberto DH R/AUna mirada por San Antonio de los Baños, llama a la reflexión. Un aniversario más de fundado cumple mi pueblo, tierra que cautiva a residentes y transeúntes. Doscientos veintitrés primaveras descansan en calles, avenidas, fuentes, parques y museos de una ciudad que todavía enamora, a pesar de la desidia y el tiempo.

San Antonio de los Baños, cuna de poetas, cantores, periodistas, científicos y humoristas. Escenario de grandes acontecimientos patrios. Hoy estás de cumpleaños, mi querida ciudad. Hoy repaso tu historia y no puedo evitar que se humedezcan mis pupilas, mientras escribo. Para muchos la ciudad suspira, agoniza, reclama un resurgir sin respuesta, a lo que fuera su hermosa orografía.

Miradas para un aniversario, es el título de esta crónica. En ella se mezclan añoranzas y sufrimientos. Nací en esta Villa, bañada por el encanto de su hermoso río, la sombra de sus framboyanes, la limpieza de sus parques, las fuentes vertiendo cristalinas aguas y los misterios escondidos en la Cueva del Sumidero. Son tantas y tantas bellezas, que se estruja el alma y asoman las lágrimas.

¡Qué lástima mi San Antonio de los Baños! Escribo para ti y las ansias del mejoramiento humano se pierden en el tiempo, porque no encuentro consuelo para mis dudas y dolores. Más de doscientos años y todavía persistes. Rebelde como tu monte, suave cual canto de sinsonte, musical como la guitarra del trovador.

Ya no están Rubén Suárez Quidiello, ni Francisco Martínez Villamil. Ellos, con óleos y caballete, pintaban tus encantos. Tampoco Ángel Valiente, poeta de verbo sincero y preciso, capaz de vestir con su espinela las vivencias de una ciudad que cautiva. Falta en tu diario palpitar la inventiva de Miguel Miqueli o las anécdotas chispeantes del profesor Félix Romero de la Osa y el intrépido Mongo P.

Aquellos personajes que transitaron tus calles, merecen regresar al presente. Cuinco, Membrillo, Añeló, Brígida, Ramona la billetera, la Paloma de Chicho, el Vizcaíno o Mambole sembraron sus estampas y todavía despiertan risas.

Ahora estamos los que sufrimos tus dolores. Los que penamos sin encontrar respuesta a tanto deterioro. Adiós al hermoso “Cubachín”, el cine Casino, el bar de Orestes o La Alameda. Adiós también, al cabaret flotante de “La Quintica”, al emblemático Círculo de Artesanos, con sus bellos salones, o las primeras Bienales Internacionales del Humor. Esas donde la risa se adueñaba del pueblo, con caricaturas y presentaciones de grupos humorísticos.

Hoy estás de fiesta mi Ariguanabo. Tu rostro desfallecido por el paso del tiempo, parece cantar aquella letra que aún perdura… “No puedo ser feliz”. ¡Claro! Entiendo tu pesar. No importa. Llora si es preciso, pero nunca calles tus lamentos, mientras haya fuerzas lucha por revivir, alguien hará por ti.

Dice una de las canciones del trovador Silvio Rodríguez: “No hacen falta alas para hacer un sueño”, es cierto. Negar la esperanza no lleva a ninguna parte. Hace falta entonces mucho empeño, mucho amor para volver a renacer. ¡Gracias por existir mi Ariguanabo! Volverán otros onomásticos y estaré, seguro estaré para escribirte.