Y “cada día tiene su refrán” –dice precisamente un refrán. Mientras otro nos recuerda que “cuando no sepas qué hacer, busca los refranes”.
Desde los albores de la Humanidad el Hombre supo concentrar en muy, muy pocas palabras, sus experiencias más arduas y difíciles, nacidas lo mismo de la vida cotidiana que de los grandes sucesos. Y así pasaban sobre los siglos y las generaciones, surcaron mares, desiertos y glaciales, y se reinstalaban en otros pueblos y otras lenguas como propios. O quizás, esos pueblos nuevos los creaban a su imagen y semejanza, que no era más que la imagen universal del Hombre.
Lo cierto es que muchos antropólogos, lingüistas, literatos y sociólogos han estudiado concienzudamente los refranes y hasta mapas han trazado de su desplazamiento por el mundo.
Desde España nos llegaron infinidad de refranes, algunos de los cuales permanecen intactos entre los cubanos de hoy, por ejemplo, “Estar en la luna de Valencia” o “Como el gallo de Morón, sin plumas y cacareando”, vienen de la Edad Media española. Advierto que este Morón del refrán no es el que queda en Ciego de Ávila, sino otro de Andalucía donde nació la frase.
Pero incluso, refranes que creemos muy castizos, no son más que adaptaciones de otros muy populares en el Imperio Romano, entre los pueblos árabes, judío, griego o egipcio, quizás desde Antes de Nuestra Era. Así, “caballito de San Vicente, lleva la carga y no se la siente”, “Cada cual en su casa es rey” o “Candil de la calle, oscuridad de la casa” son tan antiguos como Matusalén.
No significa que una historia tan breve e intensa como la de Cuba, no haya tenido tiempo de cocinar sus experiencias y volcarlas en el minúsculo molde de un refrán. Aquí los hay muy originales y antiguos, por ejemplo “Llegó la hora de los mameyes”, surgido durante la ocupación inglesa de La Habana, en 1762, pues los soldados ocupantes usaban casacas rojas, y “Se acabó como la fiesta del Guatao”, localidad cercana donde la soldadesca española y los voluntarios masacraron a los cubanos por independentistas aprovechando una noche de fiesta. O este de reminiscencia afrocubana: “Cada cual hace con su barriga un tambor y se lo da a tocar a quien le dé la gana”. Desde luego, no menciono las palabras que suelen emplearse comúnmente, como me sucede con “Camarón que se duerme, se lo lleva la corriente” o “Salió con el rabo entre las piernas”.
Y ya que hablo de esta zona del cuerpo, recuerdo que “Cortando huevos, se aprende a capar”. Algunos han desaparecido dejando memoria únicamente en viejas bibliotecas, por ejemplo: “Cimarrón que se huya, dale cabuya”.
Lo importante es que los refranes representan una permanente enseñanza acerca de los valores éticos, históricos y culturales que rigen nuestra sociedad y nación. Por su formación, constituyen nuestro primer manifiesto de universalidad y también nuestro primer tributo al mundo. Fortalecen la unidad cultural pues rebasan lo regional y se proyecta a lo universal, acrecentando nuestras capacidades comunicativas y ponderando nuestro origen y nuestra cubanía.