Ejemplo de mujeres heroicas: Lidia Doce y Clodomira Acosta

lidia-clodomiraLidia y Clodomira. Foto: Tomada Internet Muchos ejemplos de mujeres tiene la historia patria. Es imposible olvidar a quienes abonaron el largo camino hasta lograr la libertad altamente soñada. Siempre conmueve recordar a Lidia Doce y Clodomira Acosta, ejemplo de voluntad,  entereza y  fidelidad a los ideales revolucionarios.

Ellas fueron apresadas, en septiembre del 1958.  En los días posteriores del arresto, le siguieron humillaciones, atropellos y abusos, nada se podía esperar de quienes terminaron cruelmente con sus vidas. Precisamente, un año antes del triunfo la tiranía recrudecía la furia contra el pueblo.  Para la dictadura mujeres como ellas eran catalogadas como “muy peligrosas”. Solo pudieron capturarlas por una delación.

Lidia y Clodomira se conocieron al calor de los avatares revolucionarios. La primera se había integrado a la columna del Che y allí se convirtió en la valiosa mensajera del Guerrillero. Con una entereza inigualable contagiaba su optimismo. No sabía del miedo y encaraba los mayores peligros con una sonrisa.

Clodomira, casi una niña se entregó a los destinos de su tierra. Decía Vilma Espín que era dulce y afable, pero no lo pensaba para reaccionar ante la injusticia. Estuvo además entre los primeros campesinos que apoyaron al Ejército Rebelde, hasta que se le confió la misión de ser su mensajera y llegó a convertirse en el enlace de mayor confianza de Fidel.

Unidas permanecieron estas dos mujeres para enfrentar la muerte con entereza y dignidad y de igual manera estuvieron vinculadas al intrépido grupo del Movimiento 26 de Julio en Regla, cuyas acciones contra la tiranía habían desatado una brutal represión en aquel septiembre.

La fidelidad de ambas a la Revolución las llevó a ofrendar sus vidas sin delatar un nombre ni una dirección que pusiera en peligro la vida de sus compañeros, ni tampoco los planes del movimiento revolucionario, lo cual las convirtió, sin dudas, en admirables heroínas del silencio.

Unidas por un mismo ideal revolucionario y por el cumplimiento de idénticas misiones, había entre ellas, sin embargo, una considerable diferencia de edades. Lydia al morir, tenía 45 años. Clodomira contaba solo 21.

Dejaron recuerdos imborrables, quienes las conocieron  las describen como mujeres de temperamento, alegres, con preferencias de vestir  con buen gusto, pocas palabras, pero de pensamiento agudo. Los recuerdos se agolpan. Es por ello que estamos llamados a no olvidar el pasado. Él acumula huellas de sangre y de dolor, son parte del testimonio sangriento que vivió Cuba. Ellas, las mensajeras de confianza de Fidel, Celia y el Che, jamás serán olvidadas.

Hoy las mujeres cubanas se inspiran en el ejemplo de Lidia y Clodomira en estos momentos difíciles, donde hay que levantarse de los desastres que nos dejó el Huracán Irma, el país se estremece ante los devastadores daños pero cada hogar, cada familia, cada mujer se sabe amparada.