El periodista y escritor checoslovaco Julius Fučík. Foto: Tomada de Internet
La historia del periodismo universal reconoce a quienes dejaron huellas indelebles en la memoria de los profesionales que practican el ejercicio de la comunicación. Julius Fučík es uno de esos hombres.
Organizaciones progresistas del mundo instituyeron el ocho de septiembre, -fecha de la ejecución de Fučik- como el Día Internacional del Periodista, en homenaje a ese reportero checo, quien demostró ser excelente profesional, buen comunista y gran persona.
Como líder de la resistencia antifascista y miembro del Comité Central del Partido Comunista de Checoslovaquia -organización política, entonces clandestina- se dedicó al periodismo como arma para denunciar los males de su época, y a favor de la sociedad. Durante la ocupación nazi publicó con un seudónimo hasta que fue detenido por la Gestapo, la macabra policía secreta nazi que lo fusiló en 1943.
Julius Fučík, el periodista mártir, mostró el valor y la dignidad de un gran profesional de la prensa comprometido con los intereses de su pueblo.
Con su desempeño se ganó la admiración y el respeto de sus compatriotas y se convirtió en ejemplo a imitar por los periodistas de todas las generaciones posteriores.
Utilizó diversos medios de expresión para alentar la resistencia patriótica, aun desde la cárcel. Tras las rejas soportó las torturas y golpes, que lo despojaron de sus dientes, y las marcas que laceraron su cuerpo. En las noches de vigilia, escribió un diario narrado en papelitos de cajetillas de cigarrillos que manos anónimas sacaron de la penitenciaría.
El texto redactado por Fučík en la cárcel, se publicó dos años después de su ejecución, y resultó una obra memorable, devenida en el célebre reportaje “Al pie de la horca”, que lo inmortalizó. En él narra las más crudas vivencias del presidio, y la historia del movimiento antifascista a favor de la construcción de la justicia social y de la dignidad humana. Expuesto en ocho capítulos, el trabajo conmovió al mundo contemporáneo y fue inspiración para los revolucionarios. Más allá de un género informativo, es una lección de ética, y de periodismo combativo y al mismo tiempo de solidaridad con todos los que durante la Segunda Guerra Mundial, lucharon para derrocar el fascismo.
Su último reportaje, escrito de la manera más insospechada, pero con la lealtad suprema al oficio que desempeñó hasta el último aliento, se tradujo a 80 idiomas, y en homenaje póstumo hizo a su autor merecedor del Premio Internacional de la Paz, en 1950. Por otra parte, la Organización Internacional de Periodistas tuvo como su máxima distinción la Medalla de Honor Julius Fučík.
El optimismo de Fučík, basado en la defensa de la razón y de la civilización, su legado de firmeza y dignidad infinita, perdurarán por siempre desde su estatura de periodista y líder audaz.
Las actuales y venideras generaciones de los profesionales de la prensa tendrán entre sus paradigmas al autor del reportaje Al pie de la horca.

