Gratitud eterna a Finlay y a su extraordinario aporte

Carlos J. Finlay. Foto: Tomada de internetCarlos J. Finlay. Foto: Tomada de internetObra de gratitud infinita es recordar y rendir tributo a Carlos J. Finlay, ilustre científico, cuya proeza se sale del marco de la época que le tocó vivir a la Medicina de su tiempo y sentó, a escala universal, la base para la búsqueda y la solución de los problemas médico-sanitarios.

 

La principal contribución del sabio cubano a la ciencia mundial fue su explicación del modo de transmisión de la fiebre amarilla. Fueron innumerables las intensas jornadas de desvelos hasta llegar a el 14 de agosto de 1881 cuando Carlos J. Finlay completó el descubrimiento al identificar al mosquito Culex (hoy Aedes Aegypti), como el transmisor de la enfermedad.

 

Gracias a los descubrimientos y aportes a escala mundial se pueden evitar las pérdidas humanas a consecuencia de la dañina picada del mosquito. El legado del más universal de los científicos cubanos tiene plena vigencia, y nadie pone en duda la eficacia de las campañas antivectoriales para la eliminación de un gran número de dolencias.

 

Finlay apuntó además que para que el flagelo se propague son necesarias tres condiciones: “La existencia previa de un caso de fiebre amarilla, comprendido dentro de ciertos límites de tiempo con respecto al momento actual, la presencia de un sujeto apto para contraer la enfermedad, y la de un agente, cuya existencia sea completamente independiente de la enfermedad y del enfermo, pero necesaria para transmitir la enfermedad del individuo atacado de fiebre amarilla al hombre sano”. Y precisó destruir el agente de transmisión o apartarlo de las vías por donde propaga la enfermedad es importante”.

 

Con esas palabras, el 18 de febrero de 1881 Finlay esbozó por primera vez su más grande y original aporte a la medicina del siglo XIX: la revolucionaria teoría científica del contagio de las enfermedades a través de un ente intermedio, así como el postulado más valioso expuesto hasta ese momento para la prevención y profilaxis de muchos padecimientos epidémicos y contagiosos, la supresión del vector.

Vivimos el 2017 y aún la población mantiene baja percepción de riesgo y convive en condiciones propicias para la proliferación del mosquito y otros vectores transmisores de enfermedades, todos somos responsables, sino asumimos la prevención y la constante vigilancia ponemos, no solo en riesgo nuestras vidas sino la de otras personas, además de tener que invertir recursos que bien pudieran utilizarse en progreso y desarrollo social.

 

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, UNESCO, reconoció a Carlos J. Finlay, entre los seis microbiólogos más grandes de todos los tiempos, y desde 1980 instituyó un premio que lleva su nombre dedicado a estimular a científicos con importantes aportes para la humanidad. En América Latina la fecha de su nacimiento -el 3 de diciembre de 1833- se celebra como el día de la Medicina Latinoamericana. Carlos Juan Finlay murió en La Habana, el 20 de agosto de 1915.

 

Al descubridor del agente transmisor de la fiebre amarilla, mucho le debemos por ser un benefactor de la humanidad y un científico cubano que se adelantó a su época. Trazó senderos por los que hoy transita la ciencia, sus grandes aportes en Entomología, Virología y Oftalmología, tratamiento de la lepra, filariosis, cáncer, tétano, malaria y tuberculosis, sentaron las bases para erradicar las enfermedades contagiosas por medio de la inmunología provocada, la vacunación y la lucha antivectorial.

 

Finlay fue un hombre en lucha permanente contra la adversidad y las vicisitudes. En reconocimiento a tan sensible contribución, solo nos resta, el respeto a este hombre que se mantuvo en lucha permanente contra la adversidad y las vicisitudes.


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