Uno de los principales rasgos que identifica a los artemiseños es el espíritu de rebeldía. La Revolución de los años 30 y, de manera particular, la lucha contra el tirano Gerardo Machado, no constituyó una excepción. El alzamiento armado de la organización política Unión Nacionalista, que comenzó en varios lugares del país a partir del 8 de agosto de 1931, encontró ecos en localidades de la actual provincia de Artemisa.
Los oficiales del Ejército Libertador Celestino Baizán y Domingo Lence, junto a José Farías, lideraron al grupo de insurgentes que salieron el 10 de agosto de la finca Pestana, en Güira de Melena con el propósito de unirse al contingente armado del general mambí Francisco Peraza, que operaba en tierras de Pinar del Río. En la finca Breto, al sur de Alquízar el Comandante Lence pasa revista a la tropa que ascendía a 43 hombres.
Al llegar a la zona del Corojal acampan en un lugar conocido como Hoyo de Bonifacio. Al oscurecer bajan a tomar agua del río Jícara y caen en una emboscada del ejército, producto de la delación de un mal cubano, Leonardo Donate Montero a quien apodaban El Sordo. El teniente Enrique Diez Díaz, jefe del cuartel de la Guardia Rural de Artemisa, empleó una maniobra engañosa que le permitió apresarlos.
Fue un combate desigual, con pocos fusiles y algunas pistolas y revólveres. En total fueron 20 los compatriotas, vil y cobardemente asesinados, entre ellos Domingo Lence, a quien no pudieron rematar a machetazos por impedirlo la actitud digna del soldado Álvaro Lama. (Continuará)…

