René de la Nuez. Foto: Tomada de internet
Considerado entre los cien caricaturistas más importantes del mundo, el ariguanabense René de la Nuez, nació el 8 de agosto de 1937, en San Antonio de los Baños. Publicó las primeras caricaturas a los 16 años. Con la creación en 1957 del personaje El Loquito que, con el tiempo, burlaría la censura y se convertiría en crítico de la dictadura de Batista, el creador reveló los males sociales.
Con sencillez y dotado de la sabiduría popular, presentó a El Loquito, con un sombrero hecho con periódicos, con su figura llena de ángulos, sin decir una palabra, solo imágenes reveladoras bastaron para el ataque que enfrentó a la dictadura de Batista. Periodista, profesor, humorista y caricaturista le pertenecen además los personajes satíricos-populares “Don Cizaño” y “Mogollón”. Tras el triunfo de la Revolución, De la Nuez pasó a ser caricaturista del periódico Revolución, al tiempo que colaboraba con la revista Mella, el diario La Tarde, el Noticiero Nacional de TV y otras publicaciones. Fue fundador del periódico Granma, donde trabajó durante varios años además caricaturista y director de Palante.
Dotado de una agudeza expresiva extraordinaria y gracias a su talento Nuez se acostumbró a vivir en la batalla diaria tomándole el pulso a su tiempo, cuestionando, reflexionando. Trabajó activamente en publicaciones periódicas como el semanario humorístico Zig-Zag. Por la intensa labor creativa, le concedieron diversas órdenes y distinciones nacionales e internacionales; entre las que destacan el Premio Nacional de Artes Plásticas 2007 en reconocimiento al intenso quehacer creativo y a la trascendencia, tanto artística como social, de una obra que ocupa un lugar privilegiado en el humorismo gráfico contemporáneo.
Realizó numerosas exposiciones personales en Cuba y en otros países como México, Rusia, Austria, Alemania, Francia y España. Ganador de numerosos premios internacionales y nacionales. Obtuvo el Premio Juan Gualberto Gómez en 1960, Primer Premio en la categoría de Caricatura, la Distinción Raúl Gómez García en 1982 y la Medalla Alejo Carpentier en 1988.
Con una obra en ascenso demostró la madurez ideológica a la par de la artística. Hablar del dibujo con líneas bien definidas, que tendían a la curva y dialogaban con algunos exponentes de las vanguardias lo cual validaba la vocación plástica, el sentido de la composición, la alternancia entre trazos gruesos y finos. Nuez, siempre que lo creyó conveniente, utilizó el texto breve y, a la vez, incisivo y de fino humor para darle la fuerza ideológica y política necesarias al dibujo presentado.
De la Nuez demostró además dentro de las virtudes, la capacidad de dialogar con el aquí y el ahora. Así lo patentiza el personaje, El Barbudo, símbolo del pueblo cubano en su larga lucha contra el bloqueo y las agresiones de los Estados Unidos. Vigencia de una obra revolucionaria que marchó junto al pueblo al igual que el autor: raíz, semilla y flor. En la Villa del Humor el legado de su obra es un incentivo para las nuevas generaciones.