José Antonio Salamanca. Foto: Tomada de internet.
Con la luz del mejor escribo esta crónica. Ella me inspira y hace revivir los momentos ante el micrófono de este genio de la narración deportiva cubana. Convertir el terreno de juego en un espacioso cañaveral, cuando la zafra de los diez millones fue para él un lujo, un atrevimiento, una cortesía periodística. Nadie como “Boby” para darle vida a su inolvidable… ¡Azúcar, abanicando… el pez mordió el anzuelo! Frase que lo inmortalizó para siempre.
José Antonio Salamanca, “Boby”, hizo que el ponche a un bateador fuera algo sencillo. Para él quedaba así: “Tres golpes de mocha y pa la tonga”. También le puso sabor cubano a una conexión decisiva que impulsaba carreras con aquella… ¡Caña cubana! “no dejó caña en el cogollo, ni cogollo en la caña.”
Así describía “Boby” Salamanca los mejores momentos de una narración beisbolera. Con el bateador en tres y dos, dejaba escuchar su característica frase: “El hombre está compungido, preocupado, aturdido, hundido, ahogado y hasta el cuello en el conteo”.
Grandes del béisbol cubano guardan con cariño los sobrenombres estampados por Salamanca: Antonio Muñoz “El gigante del Escambray”, Luis Giraldo Casanova “El Señor Pelotero”, Víctor Mesa “La explosión naranja” y Pedro José Rodríguez, excelente bateador, se ganó la frase “Pase usted, Señor Jonrón”.
Así era José Antonio Salamanca, “Boby”. Creativo, ingenioso, locuaz, humorístico. Un hombre que supo de la miseria en su niñez y juventud. Gracias a la perseverancia e intrepidez de su personalidad, logró ganar tres pesos en un concurso televisivo. Lo hizo precisamente con una imaginaria narración deportiva en un duelo del estelar lanzador de Almendares Conrado Marrero y el fornido bateador de la Habana Pedro Fomental.
Maestro, hoy estarías de cumpleaños. Ochenta y seis primaveras descansarían sobre sus hombros y blanca cabellera. Nació en 1931. Nació para quedar en la historia. ¡Gracias por existir, querido Boby! No digo más porque hablar de usted, es decir narración deportiva cubana.

