Santiago de Cuba rindió honor a Frank País en su sepelio. Foto: Tomada de Internet.
En la década del cincuenta del pasado siglo se destacaron muchos jóvenes que entregaron lo mejor de sí en la gesta emancipadora para lograr el triunfo definitivo. Entre ellos ocupó un lugar cimero el joven revolucionario Frank País García.
El 30 de julio de 1957 marcó un hito en la historia de Cuba, cae asesinado el inolvidable Frank. Un mar de pueblo acongojado por la pérdida le dijo adiós y entonces se hizo inmortal. Se cumplió lo expresado por Martí en sus memorables versos:
“Cuando se muere en brazos de la patria agradecida.
La muerte acaba, la prisión se rompe,
comienza al fin con el morir la vida”.
Frank era un hombre de acción y pensamiento pero al mismo tiempo una persona llena de sensibilidad y talento organizativo. Un joven que con solo 23 años tenía vocación como militar y político, un ejemplo de moral y pureza.
En su vida ejemplar se articuló la influencia ética de su familia, la escuela que lo dotó de una serie de valores morales y patrios y el medio donde se crió, una ciudad de amplia tradición política y revolucionaria.
Tenía plena confianza en la palabra de Fidel, con una extraordinaria capacidad de liderazgo, admirado por sus más cercanos compañeros de la clandestinidad: Vilma, Celia, Haydée, Raúl y otros tantos que lo conocieron. Responsable de las acciones del Movimiento 26 de Julio y artífice del alzamiento armado en Santiago de Cuba.
El dolor y el recuerdo popular paralizaron parte del país ante la pérdida de alguien tan joven y tan querido. Una figura que a golpe de inteligencia, espíritu de sacrificio y coraje se colocó en un lugar prominente de nuestra historia.

